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Miercoles 25 de Noviembre
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Otra vez, robaron el corazón de Fray Mamerto Esquiú

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Un hombre ingresó a la Iglesia de San Francisco, en Catamarca, y, tras romper la urna, se llevó la reliquia histórica. Es la segunda vez que sucede un hecho de esta naturaleza

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Un hombre de jean y campera negra, con barba, se robó el corazón de Fray Mamerto Esquiú de la Iglesia San Francisco, ubicada en la capital de Catamarca, indica el diario El Ancasti.

"Yo vi al hombre, nunca me imaginé que había robado el corazón de Fray Mamerto Esquiú. En ese momento no me enteré de que era un robo. Yo trabajo en la plaza, y ese momento venía de tirar botellas", declaró la testigo del robo a una radio catamarqueña.

El corazón del orador de la Constitución Nacional descansaba en una urna, la cual habría sido violentada con un objeto contundente durante el robo.

El padre Jorge Martínez dijo que "el robo era por el corazón porque no se llevaron nada más. Es muy triste y esperemos que se resuelva el robo y se encuentre el corazón".

En 1990 sucedió un hecho similar y la reliquia apareció poco tiempo después.

Quién fue Fray Mamerto
Esquiú nació, débil de salud, en la localidad catamarqueña de Piedra Blanca el 11 de mayo de 1836. A los cinco años, muy enfermo, vistió por primera vez un hábito franciscano: su madre se lo confeccionó con la promesa de vestirlo siempre con él, en un desesperado intento para que sanara.

Apenas cumplidos los 10 años, ya huérfano, ingresó al convento de San Francisco donde fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1848. Entregó gran parte de su vida a la docencia; sólo quiso dedicarse a los demás y vivir "desconocido e ignorado".

Franciscanos contemporáneos de Esquiú lo definieron como "un apóstol en el ejercicio de la confesión e infatigable en la asistencia de los enfermos".

A fines de 1880 fue nombrado obispo de Córdoba, donde también daba misas en penales y hospitales y recibía en su casa a pobres y necesitados, entre quienes repartía su dinero.

Murió el 10 de enero de 1883. Mientras sus restos mortales descansan en la catedral de Córdoba, su corazón permanecía hasta ayer en el convento franciscano de Catamarca.

El pasado 3 de febrero la Comisión de Teólogos del Vaticano aprobó la heroicidad de las virtudes de Esquiú, las que pasaron a consideración de obispos y cardenales de la Confederación de los Santos, último trámite que la comunidad franciscana espera desde hace 80 años.

A Esquiú se le atribuyen unos 300 hechos milagrosos, entre ellos la curación de un hombre que padecía una trombosis de retina irreversible, que sanó con sólo pronunciar su nombre.

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