Por ley los médicos deben comunicar los fallecimientos al organismo local de procuración y ablación de órganos. De cumplirse, se podrían salvar muchas vidas con trasplantes

La ley 24.193 establece que todo médico que tome conocimiento del fallecimiento de un paciente -según los signos descritos en el artículo 23-, debe denunciarlo al director o persona a cargo del establecimiento; y ambos tienen que notificarlo en forma inmediata a la autoridad de contralor jurisdiccional o nacional.
Una vez recibido, la autoridad verifica que la persona no haya expresado su voluntad de no ser donante. Si no hay impedimentos, los especialistas evalúan qué órganos o tejidos pueden ser o no aptos para ablación e implante.
Y la ley preveé multas de $5.000 a $10.000 e inhabilitación de uno a tres años a aquellos profesionales de la salud que no denuncien la muerte de un paciente. Sin embargo un estudio realizado en la Capital Federal establece que de cien fallecimientos que se producen por día sólo dos son notificados. El tema es que los propios médicos no saben de la existencia de esta ley.
El Congreso de la Asociación Argentina de Procuración de Organos y Tejidos para Trasplante, mostró que muchos médicos ni siquiera saben que la muerte encefálica ya es la muerte y que el fallecido podría ser un potencial donante de órganos. Tampoco se notifican las muertes por paro cardíaco y ni el personal de salud ni la población conocen que las contraindicaciones para la donación de ciertos tejidos no siempre están asociadas a la edad.
En el año 2003 se creó la figura del coordinador hospitalario al crearse el Programa Federal de Procuración de Organos y Tejidos según informa el diario Clarín. Los hospitales públicos y privados que incorporaron ese cargo aumentaron el número de donantes reales.
En el año 2007 el 28,2% de los donantes fue aportado por la Provincia de Buenos Aires, seguida por la Capital con el 17,7% y Córdoba con el 12,2%. En 14 provincias, el porcentaje de donantes no supera el 1,6% del total.
Pero el desconocimiento de la ley, mala formación universitaria y falta de conciencia no son todas las causas. Además, no todas las unidades de terapia intensiva están bien equipadas para tratar al paciente fallecido que podría ser donante de órganos; ni todos los médicos están capacitados para hacerlo.