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Sabado 21 de Noviembre
26-07-07 | General Imprimir Galería
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Las grotescas evidencias del "truchaje" argentino

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Son las famosas usurpaciones e imitaciones de marcas reconocidas y que pueden detectarse con un solo paseo por Once, Constitución o Retiro. Rozan lo tragicómico. Infobae.com compiló algunas. Galería de fotos

Andrea Sambuccetti (Infobae.com)  

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En lugar de "John L. Cook" se innova con un "John L. John".

Si al producto se lo mira de cerca se comprueba -no en vano- que resulta demasiado barato para tratarse de un original. Pero si se lo observa con mayor detenimiento comienzan a notarse otras diferencias que van más allá del precio: la calidad o el diseño no son los mismos y la marca -aunque tenga similar tipografía, logo o colores- dice en realidad, otra cosa.

Muchas veces hacen reir las "confusiones" porque el ojo tiende a asociar lo que ve, a lo conocido. Y la creatividad es mucha.

En efecto, no sería exagerado decir que "demasiados" de estos ejemplos encontró Infobae.com al salir “de shopping” por varios centros comerciales y ferias de la Capital Federal, que tienen sus análogos a lo largo de todo el país. Algunos:

· Zapatillas que a primera vista parecerían las “John Foos” pero que al leer con atención son “John World” y se venden a $32.

· Lo mismo que unas “Puma” para la dama, que en lugar del característico felino en movimiento, tienen bordada la figura de una “iguana” en punta y talón y pueden comprarse entre $30 y $60.

· Jeans con una “coronita” semejante a la de la marca “Paula Cahen D’Anvers” pero con el nombre “Eternity Queen D’Anvers” y con precios de $22 a $35.

· Un juguete “made in Argentina” a $3 que muchos dirían que se trataría de un “Power Ranger”, pero que en cambio es “Super Hero-E”.

· En ropa interior, se encontró “de todo”. Casos: una bombacha para niña con un estampado que tienta a pensar en una “Barbie” pero... ¡ojo! No se trata de la famosa muñeca rubia, esta se llama “Bartie”; para mujer, se encontró muy parecidos logos del conejito de “Playboy” en conjuntos de dos piezas y para hombre, calzoncillos que parecerían ser “John L. Cook” pero en cambio, pese a tener la “banderita” y todo, son: “John L. John”.

· Entre las que serían las más repetidas “usurpaciones” (reconocidas por los mismos vendedores que al preguntarles “¿pero es un Adidas?”, contestan “más bien que no, es trucho”), se encuentra esa marca y otras como Nike, Reebok, Puma, QuickSilver, Billabong, Lacoste. Ocurrió que al comprar un pantalón de jogging que parecía decir “Mohs”, era en realidad un “Hohs”. Y se pueden encontrar prendas de polar imitando a “Columbia”.

· Otra muy “usurpada” es “Kosiuko”. Infobae.com compró una remera con este logo bordado tan característico, pero que en la etiqueta se leía “Pull Lady”.

· Se consiguieron tres pares de medias idénticos a $10... ¿Pero cómo es posible que uno sea Nike, otro Adidas y el que queda Puma? Igual ocurre con equipos de gimnasia y accesorios deportivos.

· Uno importado: una consola que de afuera parece una “Playstation One” pero es del tipo “family” y tiene varios nombres “Poly Machine One”, “Fun Station One” o “Game Station One”.

· El capítulo de los perfumes es bien amplio y se discute acerca de qué se permite y que no debería. Hay imitaciones que son sólo eso, y otras que incurrirían en polémicas copias: con diseño de cajas y marcas que podría opinarse si no inducen a engaño. Por ejemplo: “Organda” por la conocida fragancia “Organza”, “Kemzo” por “Kenzo” y la marca “Cacherel” en lugar de “Cacharel”.

La discusión que se abre entonces es en torno a qué es legal y qué no; si esto está bien – porque algunos “imitan” y “no usurpan” marcas, o porque con tales bajos precios acceden estratos sociales que quedan de otro modo, fuera del alcance de los productos-, o está mal –porque no hay respeto de la marca, porque se “engaña” al consumidor, porque se trata de competencia desleal, porque no está identificado el origen del producto, porque muchas veces la venta es “en negro”-

Para Guillermo Lanfranconi, abogado especialista en marcas, “una cosa es apoderarse del nombre y otra es que se haga una imitación. Entre las más conocidas están Adidlas o los pantalones que en lugar de las tres tiras características de Adidas, tienen 4”.

Hay que ver cada caso. “Hay que ver si hay usurpación de marca o competencia desleal”, dijo y se quejó de que “esto pasa por cómo funciona la Argentina donde no se cumple la ley o la justicia es lenta y ocurren este tipo de cosas. Esto es muestra de que no se respeta el derecho a la propiedad”.

En cuanto a los ,explicó que “hay que ver cuándo pueden estar usurpando marca (ya que no siempre ocurre), al cambiar un poco nombre o letras, se hace confundible, lo que induce al error en el público: si tiene leyenda que aclara que es imitación no es lo mismo que si no lo aclara, hay que ver qué derecho tiene para decir lo que dice, cómo lo dice” y por eso importa el caso puntual.

Para Vicente Lourenzo, secretario general de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) estas serían “formas de engañar al público, de decirle que tiene la posibilidad de acceder a una marca de primera pagando por una de cuarta”.

Muchos engañan visualmente, otros fonéticamente. No en cuanto a que se copia un diseño, sino a que se copia la misma clase de letra, aunque no diga la palabra correcta, da la misma imagen visual de la marca de primera. Entiendo que estas serían tan ‘truchas’ como las que imitan la marca con su nombre real, pero el cambio lo deben hacer para evitar un problema de tipo legal penal”, advirtió.

Lourenzo mostró preocupación porque “fundamentalmente a través de esta práctica se podría estar comercializando mercaderías de origen dudoso, que no pagó impuestos, que falsifica marcas, cuya materia prima puede provenir de la explotación de mano de obra esclava, contrabando, piratas del asfalto”.

“Mucha de esta mercadería podría provenir del mayor centro clandestino que es La Salada y que tiene una provisión mayorista de este tipo de productos en los barrios de todo el país. El gran problema es que al no ponerle un freno a esto, prolifera”.

Según Lourenzo, “no se puede acusar de falsificación de marca (salvo que se usurpe explícitamente) siempre porque se entra en un terreno en el que debe estudiarse el caso a caso, es decir, cuánto afectó a la primera marca esta imitación, por ejemplo”.

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