Como un luchador que siente como el fuerte impacto del golpe de su rival lo lleva a la lona, el dólar vio en los últimos años cómo su contrincante, el euro, le ha venido asestando golpes sin cesar hasta dejarlo casi tendido en el piso.
El billete verde escuchaba cómo el árbitro (la tasa de interés) realizaba el conteo final y observaba cómo su contrincante europeo levantaba los brazos por anticipado, miraba al público (los inversores) y saboreaba por antes de tiempo su triunfo.
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