Enrique Mantilla: “en el último lustro tuvimos un shock externo fortísimo, nos hizo perder exportaciones por unos USD 125.000 millones”
Enrique Mantilla: “en el último lustro tuvimos un shock externo fortísimo, nos hizo perder exportaciones por unos USD 125.000 millones”

La Argentina tiene una economía con un nivel del PBI que la ubica en el puesto 19 en el ránking mundial de 190 países; similar al de la representatividad de la población (21), y retrocedió en el último año al lugar 34 en nivel de mayores exportadores, valuadas en dólares.

Sin embargo, en otros indicadores, como inflación y presión tributaria, considerando el agregado de los tres niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal, desciende a los últimos puestos de la tabla entre 200 países, sólo superado por muy pocos, caracterizados por administraciones cerradas y con bajo o nulo respeto de las instituciones democráticas.

Son esos índices los que parecen preocupar más a la industria exportadora argentina que el nivel del tipo de cambio, según dijo en diálogo con Infobae el presidente de la CERA, Enrique Mantilla, quien guarda en su celular una estadística del Banco Mundial que ubicó al país en el puesto 76 en el ránking de Competitividad Aduanera; 66 en Competitividad Logística; y 59 en Competitividad de la Infraestructura. "Es tan grande la brecha con los índices de las economías más desarrolladas, que el espacio que se puede ganar es muy superior al que se podría obtener transitoriamente con una devaluación, más en un país donde la suba del tipo de cambio se traslada rápidamente al precio de los alimentos y afecta al poder de compra de los salarios", aseguró el experimentado dirigente empresario.

Enrique Mantilla: “Es tan grande la brecha con los altos índices de las economías más desarrolladas, que el espacio que se puede ganar es muy superior al que se podría obtener transitoriamente con una devaluación”

– A 17 meses del nuevo Gobierno que entre sus primeras medidas se destacaron la unificación del mercado de cambios, la eliminación de las retenciones y también de las trabas para operar con el resto del mundo, ¿cómo está el sector exportador?

– El punto central es que en 2011 la Argentina exportaba por alrededor de USD 82.000 millones, y en 2016 bajó a USD 57.000 millones. Si se hubiese mantenido en aquel nivel se habría tenido una masa de dólares de unos USD 125.000 millones más, eso significa que en ese lustro tuvimos un shock externo fortísimo. La segunda cuestión es que la sociedad decidió cambiar de Gobierno antes de que la crisis estallara, y las nuevas autoridades en el primer año, de transición, debieron comenzar a normalizar las relaciones financieras y comerciales internacionales, porque teníamos un comercio administrado imposible de llevar cabo, con cepos, cepitos, y eligió el camino del gradualismo para no crear nuevos desequilibrios. De ahí que de a poco se logró pasar de una situación en que a una empresa argentina que había abierto una filial en Brasil, para estar cerca del supermercado para poder vender en cuenta corriente y no con importación, se le exigía traer los dólares en 30 días, pese a que su cliente le pagaba en 180 días, a que pueda normalizarse la ecuación financiera; pero se perdió, por ejemplo, el mercado de galpones para aves de corral que tenían antes financiación del Banco Nación a 5 años por que se trataba de bienes de capital.

-¿Ese era un mercado importante para la Argentina?

– Por si sólo no. Pero como ese ejemplo había miles de empresas que exportaban bienes de capital, no muy sofisticados, pero que tenían oportunidades para desarrollarse. Además, se perdían licitaciones, como el caso de la leche en polvo, porque se habían caído los programas de prefinanciación; toda esa parte del comercio administrado fue extremadamente negativo para la exportación. Al principio no se notaba por el alza de los precios de las materias primas, pero cuando bajaron los precios y se requería competir en serio, se puso bravísimo.

– ¿La tarea ya está completa?

– No, como la Argentina había puesto las DJAI (nota del editor: Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación), se había transformado en el enemigo público en todos los países. A dónde se iba para conquistar un mercado se le decía al exportador que su país primero sacara las DJAI, en particular donde había barreras sanitarias y fitosanitarias, que exigen recibir técnicos que inspeccionen las instalaciones de las plantas productoras para que sean habilitadas, por ejemplo con China tenemos habilitadas unas 30 empresas para carne aviar y pollos y 30 para habilitar todavía.

Por eso creo que el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, aprovechó muy bien la gira presidencial a China para trabajar todos esos puntos, porque en todo lo que es alimentos hay certificaciones, habilitaciones, pruebas, que cumplir como paso previo. Es el caso de los limones y los cítricos, con los EEUU y con Brasil que desde 2006 no se puede exportar, porque hay que volver a hacer las pruebas científicas del Senasa (nota del editor: Servicio Nacional de Sanidad, Animal y Vegetal); recién hace un mes se levantó la prohibición. Por eso hay trabajos que cuando se comienzan a normalizar las relaciones comerciales, y se vuelve a ser amigo de todo el mundo, al dejar atrás todo el comercio administrado, luego exigen un período de transición que en algunos casos aún continúan, porque hay muchas cosas que arreglar. Pero todo ese proceso ha sido indudablemente positivo.

– Pero aún hay quienes critican al Gobierno porque consideran que ha avanzado más rápido en abrir los mercados para los productos de la economía pampeana que para los de las economías regionales. ¿Comparte esa visión?

Hay cosas que son más estructurales, como es el caso de la logística, donde según un ránking de competitividad del Banco Mundial, la Argentina tiene un problema severo, porque está en el puesto 66; y 76 en el índice de competitividad aduanera, mientras que en el de infraestructura la ubica en el lugar 59, es decir en un nivel muy malo a nivel internacional. Revertir eso requiere una tarea muy fuerte. Por ejemplo ejecutar el Plan Belgrano;  y también restablecer relaciones cordiales con todo el mundo, llevará su tiempo.

– ¿Le preocupa al sector exportador el aparente atraso cambiario respecto del aumento de los costos internos?

– La Argentina, por todo el proceso de normalización de la macroeconomía tiene una tasa de interés un poquito mayor a la internacional. Si en Alemania está en un nivel próximo a cero por ciento, acá se comprimió desde un nivel de 12% a 13% a un 6% anual, o poco más, depende del nivel de los bonos que se tome como referencia; es decir ha bajado el costo financiero y de obtener crédito internacional a menos de la mitad que un año atrás. De ahí que si bien aún está alto, se está mucho mejor que doce meses atrás en el costo del capital. Pero hay cosas que son mucho más estructurales, como que la tasa de interés en la Argentina es más alta que la internacional; hay poca probabilidad de ajuste cambiario, y eso se da en un contexto que hay déficit fiscal que se va reduciendo gradualmente, porque el Gobierno ha decidido acomodar las cosas todo a su tiempo y armoniosamente. El Fondo Monetario Internacional planteó en noviembre último, sobre el análisis que hizo de la Argentina, que tenemos un atraso cambiario de 15% o 20%, según cómo se hagan las cuentas.

“El Gobierno heredó un tremendo desbarajuste, por lo que normalizar las cosas llevará su tiempo”
“El Gobierno heredó un tremendo desbarajuste, por lo que normalizar las cosas llevará su tiempo”

– ¿Si hay un atraso cambiario de 15%  a 20%, y al mismo tiempo el sector percibe que es baja o nula la probabilidad de ajuste devaluatorio, cómo podrá la Argentina recuperar el nivel de USD 82.000 millones que registró en 2011?

–  El Gobierno heredó un tremendo desbarajuste, por lo que normalizar las cosas llevará su tiempo. Hay que recordar que entre 2004 y 2014 la participación de los ingresos fiscales sobre el PBI pasó de poco más de 17% a 28%; y la tasa nominal del Impuesto a las Ganancias de las empresas es 35%, pero la media del marginal sube al 43% cuando se agregan Ingresos Brutos a nivel provincial y municipal. De ahí que el secreto es trabajar sobre la competitividad sistémica: el Banco Central está buscando con su política tener credibilidad institucional de largo plazo; y esperar que el sector político trabaje toda la parte que tiene que ver con la reducción del déficit fiscal, y eso depende no sólo del Gobierno sino también del Poder Político.

“El Banco Central está buscando con su política tener credibilidad institucional de largo plazo; y esperar que el sector político trabaje toda la parte que tiene que ver con la reducción del déficit fiscal”

– ¿En qué consiste la competitividad sistémica?

– Para la competitividad sistémica tenemos dos ventajas: 1) partimos de un nivel muy malo, porque todas las aduanas están ranqueadas a nivel internacional en el lugar 66, mientras que Alemania tiene el primer puesto. Con semejante brecha la posibilidad de ganar es enorme. Y 2) la Cámara de Exportadores de la República Argentina cuenta con un proyecto que se llama Aduana Clase Mundial, como está haciendo Europa con su plan 2016-2020, sobre la base de criterios establecidos por la Organización Mundial de Aduanas, que se lo presentará al Gobierno para que elabore un plan similar a 5 años para imponer los mismos instrumentos en todas las oficinas de paso del comercio exterior, con las mejores prácticas, como la Aduana Digital, que no sólo contribuyen a elevar la competitividad, sino también la recaudación. Eso requiere información, informatización, capacitación en el sector público y también en las empresas, y ayudar a que el sector privado invierta para incorporar las nuevas tecnologías.

– ¿Con la ejecución de ese programa cuánto ahorro se podría obtener, esto es cuánto podría aumentar la competitividad de la producción nacional?

– Para el caso argentino no está calculado, pero a nivel internacional se estimó que con el bautizado Acuerdo de Facilitación del Comercio de la OMC se puede obtener una ganancia de 13,4%. Incluye los beneficios de la Aduana de Competitividad Mundial, el Sistema de Ventanilla Única que se empezó a hacer en el país.

“En el mundo con el Acuerdo de Facilitación del Comercio de la OMC se estima que se puede obtener una ganancia de 13,4%, en la Argentina puede ser mucho mayor”

– ¿Con lo que en el caso argentino la aplicación de un Acuerdo de Facilitación del comercio puede resultar mucho más significativo?

– Si, puede ser mucho mayor. No se puede precisar en lo inmediato, porque se va haciendo en un proceso de cinco años. Y además eso permite organizar bien la integración con las cadenas de valor mundial.

– ¿El Gobierno ya dio algún paso en esa dirección?

– Sí, en octubre del año pasado empezó con la parte vinculada con el sistema de Ventanilla Única, que consiste digitalizar toda la información en una oficina, eso lleva también 4 años de implementación, no se hace de un día para otro.

¿Qué expectativas tiene el sector sobre el nivel de exportaciones del corriente año?

Para 2017 pensamos que estaremos mejorando entre 4.000 y 5.000 millones de dólares el nivel de exportaciones del año anterior, pero depende de muchas cosas, como dijo el presidente de China "todavía hay mucha volatilidad en la economía mundial, hay muchas incertidumbres", si bien está mejorando, Brasil dejó de caer, pero la recuperación se proyecta a ritmo lento porque requiere de reacomodamientos. Todo lo que es Asia-Pacífico está creciendo bien; están creciendo un poco más los EEUU y también Europa. En cambio, nuestros mercados más complicados son los sudamericanos, en particular para el sector industrial no agropecuario.

-Ahí es donde más impactará la mejora de la competitividad sistémica…

– Sí, si mejoramos la competitividad con un Acuerdo de Facilitación del Comercio; las Digitalización de las Aduanas; la logística, que lleva su tiempo; y la eficiencia administrativa. Pero además las empresas tienen que aprovechar para actualizarse en el modelo de gestión interna, con inversiones, capacitación del personal, aprender a utilizar técnicas nuevas de gestión, porque los formatos de distribución de productos a nivel mundial son multicanal; y sobre todo agregar muchos servicios a los productos: de información, certificaciones especiales para determinados mercados en particular, como actualmente se está haciendo con Argelia que es una plaza interesante, y también en el viaje a China para carnes frías, que forman parte de las barreras no arancelarias, como la nutrivigilancia que hay en el mundo. Y también los cambios en los consumidores y climático, porque aparecen exigencias y certificaciones de las formas de producir: verde, reciclable.

– ¿De este modo se puede neutralizar el efecto del atraso cambiario, que implicará el ingreso de capitales a una economía que se va normalizando y que en la etapa inicial el Gobierno ha decidido financiar el déficit fiscal con deuda externa?

– Nosotros ya no pensamos en el tipo de cambio, porque estructuralmente estará atrasado. Además, no se puede perder de vista que la variación del tipo de cambio incide en el precio de los alimentos, y consecuentemente en la baja del salario real. Por eso el punto central pasa por elevar la competitividad sistémica. Ahí está la clave. Eso exige rever todo el sistema tributario.

“Nosotros ya no pensamos en el tipo de cambio, porque estructuralmente estará atrasado. Además, no se puede perder de vista que la variación del tipo de cambio incide en el precio de los alimentos, y consecuentemente en la baja del salario real”

La reforma tributaria y el comercio exterior

– El Gobierno trabaja en un proyecto de reforma tributaria para presentar en el Congreso después de las elecciones de octubre. ¿Qué cree que debería incluir para contribuir al aumento de la competitividad sistémica?

– Tres cosas: 1) Tomar como punto de partida la Ley 26.360 de 2008 que vence a fin de año, y presentar al Congreso una propuesta que establezca la promoción de inversiones que se hagan en bienes de capital, instalaciones y equipos para la producción, durante cinco años, con un régimen de amortización total en el primer año, porque generarán empleos y consumo; y para compensar lo que está haciendo el mundo en una competencia de atracción de inversiones de reducción de la presión tributaria sobre las empresas, como por ejemplo el presidente Donald Trump en los EEUU con una iniciativa que impulsa bajar la tasa sobre las ganancias corporativas del 35% al 25%; y en Francia Emmanuel Macrón también, en ese caso al 26%. Suecia ya lo viene haciendo desde los 80, cuando tenía una alícuota del 56% y ahora está en 22%; e Irlanda también que la llevó a poco menos del 14%. Mientras que en la Argentina la tasa total es del 43%; 2) Pedimos que se avance hacia una Aduana de Clase Mundial;  y 3) Mejoras en lo que hace a la administración y ejecución de todo lo que tiene que ver con la Ley de Promoción de Exportaciones, como el pago más rápido de los reintegros, que ya se está trabajando bien por parte de la AFIP.