En los últimos tres años el mercado de trabajo en la Argentina perdió la dinámica expansiva que había evidenciado en los cuatro años previos. Un distintivo se verificó en las poblaciones pequeñas

Las Cuentas Nacionales del Ministerio de Economía y la Encuesta Permanente de Hogares del Indec coincidieron en mostrar, en forma agregada, desde que emergió la peor crisis financiera internacional en casi 80 años, que la Argentina pudo escapar airosa de ese fenómeno, habida cuenta de que el PBI sólo atenuó la tasa de crecimiento a apenas 0,9% en 2009 y el empleo global virtualmente se estabilizó, más allá de algunos movimientos inter trimestrales.
Sin embargo, más allá de las severas discrepancias con las estimaciones de las consultoras privadas, las estadísticas oficiales del mercado de trabajo mostraron tanto que ese escenario intensificó la búsqueda de oportunidades por parte de nuevos actores, la cual se manifestó en la suba de la población económicamente activa (PEA), como el punto de quiebre de la sostenida baja del desempleo que en forma ininterrumpida se verificó en el agregado nacional entre el segundo trimestre de 2003 y similar tramo de 2008. Luego vinieron dos trimestres de virtual estabilidad de la masa de desocupados, y cuatro con incrementos interanuales de significación por cuanto la creación de empleos empezó a ser singularmente inferior al aumento de la población económicamente activa.
Esas reflexiones surgen el nuevo informe del Instituto de Estudios Laborales y Sociales (Idelas) de la UCES, el cual detectó que "ya desde 2007 la actividad productiva y de los servicios no contaban con la vitalidad para sostener ritmos de generación de empleos a tasas de 3% interanual, como había prevalecido en el trienio 2004/2006, y que, como en los ´90, la variación de la tasa de participación de la población en el mercado laboral volvía a complicar la reducción del desempleo al rango de un dígito de la PEA".
Sin embargo, considera el trabajo que "la excepción fue el segmento de los habitantes en zonas marginales, no urbanas, del país, que Idelas-UCES estimó en unas 4 millones de personas, esto es aproximadamente el 10% de la población total a fines de 2009, porque ahora la interrupción de la larga serie de siete años consecutivos de baja de la desocupación respondió a la destrucción de puestos de trabajos netos en una proporción superior a la reducción de la PEA y no al efecto de una insuficiente generación de empleos, a tono con la dinámica expansiva de la oferta de trabajadores".
"Esto afectó en términos relativos más a las regiones postergadas, porque empezaron a perder el efecto derrame que en los años previos había provocado el reflorecimiento del campo, tanto en lo que respecta a las explotaciones extensivas de cereales, oleaginosas y carnes, como también a las denominadas economías regionales y la agroindustria, al amparo de un inédito escenario de bonanza de precios internacionales, tolerable tasa de inflación interna, devaluación del dólar y revaluación del real".
Dicho de otro modo, se verificó un nuevo escenario de virtual saturación de reducción del desempleo, o, lo que es lo mismo, de la incapacidad del sector privado para mantener un alto ritmo de generación de puestos de trabajo, dado el todavía persistente elevado número y proporción de desocupados.