La entrada a la cancha de Racing fue un caos desde todo punto de vista. Una organización que falló, entradas sin numerar y un sinfin de irregularidades provocó el malestar de los hinchas y la resignación de siempre

Damián caminaba feliz con su hijo de cuatro años en brazos. Era la primera vez que "Tato" iba a la cancha y era en un día especial: en vísperas de Navidad, su padre le repetía que un nuevo campeonato para Boca sería el mejor regalo que le traería Papá Noel.
Sin embargo, todo se diluyó por culpa de una desorganización que atentó contra el espectáculo y las ganas de un hombre de volver con su hijo a la cancha.
"¿No era que el fútbol es un espectáculo para la familia?", se quejaba más de uno ante el mutismo de los "controles" del estadio que se reían y contestaban de pésimo modo ante cada consulta.
"¿Qué querés? Si vendieron entradas de más y las liberaron para todos", graficó uno de los encargados del control de la entrada de los plateístas de Boca ante la queja de que no había numeración en los asientos.
La gente se agolpaba en las bocas de ingreso con su entrada en la mano con controles de dudosa capacidad, sin carnet que los acreditara como tales y sin la advertencia más lógica para cualquier circunstancia de definición de campeonato como la que se vivía ayer.
Nadie se imaginaba entrando al Old Trafford para ver jugar una instancia decisiva de la Champions League y padecer las penurias que se vivieron anoche en Avellaneda.
"En Boca liberaron plateas para todos. Ex jugadores, familiares, socios... entra cualquiera", decía el control ante una pasividad alarmante. "¿Y por qué no mandan a la gente para otra entrada?", fue la pregunta que más se escuchó cuando los hinchas volvían a bajar resignados las escalinatas de la puerta 11 de la platea alta de Racing.
Nadie respondía ni actuaba: la gente seguía entrando, aún cuando ya no se podía ingresar por una cuestión que la mismísima física imposibilitaba.
Mientras tanto, "Tato" no entendía nada. Sólo veía cómo su padre trataba de protegerlo de los empujones, las avalanchas, a pesar de haber comprado dos plateas para disfrutar de Boca campeón. Justo cuando su hijito de cuatro años pisaba por primera vez una cancha.
¿Así se alienta la vuelta a la familia a las canchas argentinas?