La baja de Rafael Nadal despertará suposiciones por doquier si Argentina gana la Davis. ¿Hubiera sido lo mismo con el Nº1? Este juego ha tenido varios capítulos a lo largo de nuestra historia

El escenario es el siguiente: en algo menos de dos semanas, Argentina gana la Copa Davis por primera vez en su historia. Todos contentos, "el resultado de una verdadera generación dorada" -bienvenido un nuevo lugar común-; Alberto Mancini, el hombre de la mirada seria y penetrante, cultor del perfil bajo, de repente está lleno de sonrisas y su vida ahí, publicada en las revistas de espectáculos; Juan Martín Del Potro héroe nacional y un "hurra" para David Nalbandian, auténtico sucesor de Guillermo Vilas. El equipo entero almuerza con Mirtha Legrand. Pero
No vino Nadal. "La historia hubiera sido otra", sentencian los inconformistas de siempre, mientras -al unísono- aturde el "dale campeón" de las mayorías. Pero no vino Nadal, el número uno del mundo, el que hubiera aguado la fiesta. "Así cualquiera, psss", rematarán. Las sensaciones se suponen emparentadas al espíritu argentino mismo, tan cercano al todo y al nada, al reino en el que conviven bajo el mismo techo gloria y fracaso, orgullo y excusa (o viceversa, siempre según la ocasión).
Momentos así vivió demasiados la historia de este deporte en la Argentina. Si la pregunta de hoy (o de mañana, en realidad, cuando el equipo de Mancini gane finalmente la Copa, según la hipótesis que manejamos desde el principio) es/será "¿qué hubiera pasado si hubiese venido Nadal?", en otros casos, mucho antes, se especulaba sobre el inverso: ¿hubiéramos ganado la Davis de no haber sucedido tal o cual cosa?
Técnicamente, estos supuestos, estas experiencias contrafácticas, se denominan ucronías. "Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder", define la Real Academia Española con mayor precisión. Vaya si hubo casos en los que si no fuera por el "casi" habríamos festejado largo y tendido en lugar de regodearnos con el título de "campeones morales".
Guillermo Vilas y José Luis Clerc encabezaban el equipo argentino en 1980. A menudo suele decirse que ese año -y no el siguiente, por caso, cuando se alcanzó la instancia final- fue el momento en que más cerca se estuvo de ganar la Copa Davis. ¿Por qué? Porque en semifinales había que superar a Checoslovaquia (así se llamaba entonces) en el Buenos Aires Lawn Tennis Club, para luego definir con una no tan poderosa Italia.
Sucedió que, más allá de la (in)oportuna aparición de ese jovencito llamado Ivan Lendl, quien se puso su equipo al hombro, la olla no soportó la presión y destapó las internas del tenis argentino. Un día antes de la serie, salió publicada en los diarios una carta de la Asociación Argentina de Tenis que alertaba sobre el "daño" que causaban al deporte nacional los "desafueros" entre los integrantes del equipo.
Una desinteligencia absoluta. Hasta Vilas sugirió en ese momento la conveniencia de haber sacado los trapitos al sol después de la serie, y hoy no es raro escuchar que la historia hubiese sido muy diferente si las miserias se guardaban en el cajón. Checoslovaquia venció semanas más tarde a Italia por 4-1 y gritó campeón por primera y única vez. Argentina lo miró por televisión.
Un lustro más tarde, el propio Clerc sufría en el mismo escenario, pero contra la ex Unión Soviética, la derrota más dura de su carrera. Estaba en juego el descenso; la serie, 2-2. El match decisivo se pasó para el lunes. El argentino ganó los dos primeros sets con autoridad: 6-2 y 6-1. Pero pronto se derrumbó, y su rival, el hasta entonces desconocido Andrei Chesnokov (número 196 del mundo, años más tarde llegó a ser 9), reaccionó y estiró la definición al quinto set -y al día martes- luego de imponerse por 6-2 y 6-4.
El último parcial resultó traumático. La famosa falta de pie que le cobraron a "Batata" en el quinto game (2-2, 15-40) sentenció el partido, con escándalo en las tribunas mediante. Fue 6-2 nomás para el jugador visitante, de apenas 19 años. Todo hace pensar que el resultado inverso habría cambiado la historia, o mejor dicho, la historia de Clerc. Es que un solo torneo lo separó del retiro: Bahía, Brasil, en febrero del '86. Dejó el tenis con apenas 27 años y estando todavía entre los mejores 30 del mundo.
En el circuito también
Hay otros casos más allá de la Davis. Va una con final feliz: ¿hubiera ganado Vilas Roland Garros '77 si Björn Borg lo jugaba? Quién sabe ("¡y qué importa!", exclamará alguno). El sueco, que ya lo había conquistado dos veces ('74 y '75), no se presentó por lesión y al año siguiente comenzó una seguidilla que recién este año pudo igualar Nadal: la de cuatro títulos consecutivos en el Abierto de Francia.
Muy distinto es el caso de Gabriela Sabatini, a quien todavía le recuerdan aquella fatídica volea que salió alta y le impidió ponerse match point frente a Steffi Graf en la final de Wimbledon 1991. La alemana ganó ese partido, postergó (hasta la actualidad) el grito argentino en el torneo más antiguo y prestigioso del mundo y le impidió a Gaby ser la número uno del planeta. ¿Cuánto hubiera cambiado el futuro de la mejor tenista que dio nuestro país si ese tiro resultaba certero?
Con un marco menor, pero ante su gente, Agustín Calleri sufrió un final mucho peor. Definía el ATP de Buenos Aires 2002 contra el chileno Nicolás Massú. Estaba arriba 6-2 y 5-2 y, preso de los nervios, no lo pudo cerrar. El trasandino terminó imponiéndose por 7-6 y 6-2 en los siguientes sets. Pasó el tren para el cordobés, que nunca más logró festejar en su tierra.
Gastón Gaudio ganó en Roland Garros 04 la final más dramática en la historia del tenis celeste y blanco. Enfrente estaba Guillermo Coria, con todo lo que eso significaba. Favorito en los pronósticos, "El Mago" arrasó en el comienzo: 6-0 y 6-3. Luego se acalambró, sacó en una pierna y volvió con lo que pudo, pero "El Gato" ya estaba suelto y recuperado y cerró 6-4, 6-1 y 8-6.
Sería injusto decir que allí terminó todo para Coria, porque luego vinieron el título de Umag 2005 y finales, ese mismo año, como las de Montecarlo o la inolvidable de Roma frente a Nadal. Pero el santafesino acusó el golpe, tiempo después pasó al ostracismo y ya amagó con varios regresos. ¿Hubiera sido el primer número uno argentino? Más signos de interrogación
David Nalbandian tenía preparadas sus vacaciones y listo su equipaje de pesca. Era el final de la temporada 2005. Andy Roddick se baja del torneo y suena el teléfono de su casa. Viaja a Shanghai y gana el Masters, con final a Roger Federer incluida. "Pensar que tenía lista la caña", se escucha una y otra vez.
23 de noviembre de 2008. Ya está. Hemos decidido que Argentina saldó por fin su deuda histórica con la Davis. No vino Nadal. Queda tiempo para preguntarse si su presencia hubiera cambiado la historia.