12-10-08 | Deportes

En la cancha, los uruguayos confundieron garra con guerra

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La garra charrúa, de la que los uruguayos se jactan, ayer sólo fue violencia por parte de los jugadores dirigidos por Oscar Tabárez que, al parecer, sólo vinieron para pegar

Quedó claro que la única herramienta con la que vino Uruguay a la Argentina fue la violencia, que se tradujo en las constantes patadas, jugadas malintencionadas, codazos y golpes al por mayor.

Quedó claro también, que al árbitro paraguayo Carlos Torres, lo desbordó el partido, porque ante semejantes muestras de brutalidad, no expulsó a ninguno de los excitados uruguayos, aunque sí “aplico el reglamento” y amonestó a Juan Román Riquelme cuando sacó rápido un tiro libre, sin esperar la orden del juez.

Las jugadas más brutales tuvieron como protagonistas a Diego Pérez, en un cruce con Javier Mascherano cuando, tras que el jugador argentino ya había anticipado la pelota, el volante uruguayo dejó en alto su pierna, tanto que le pegó en la espalda, con la única intensión de lastimar al rival.

Por esa situación, el volante del Liverpool, dijo: “Si no te dejan jugar es difícil. La verdad es que lo del paraguayo fue una vergüenza. Nos amonestaron cinco jugadores cuando prácticamente no hicimos faltas comparado con lo que pegaron ellos. Argentina parecía visitante”, declaró en evidente estado de molestia, pese al triunfo.

Rodríguez también se preocupó por dejar su marca, en la pierna de Demichelis, luego de que el defensor llegara antes cubrir una pelota, sólo que el volante uruguayo no detuvo su marcha, y se llevó puesto el muslo del defensor del Bayer Munich, que quedó tendido en el pasto.

Luego, los jugadores con mejor trato del balón, por parte de los dirigidos por Basile, fueron los receptores de la mayor cantidad de golpes. Tevez, que recibió un tremendo pisotón en el tobillo del pie que tenía apoyado, cuyas consecuencias podrían haber sido muy graves, fue víctima de la feroz manera de jugar de Fucile, Cavani, y Rodríguez.

Lo mismo padeció Lionel Messi, autor del primer gol argentino: “Ellos vinieron a pegar”, aseguró. Juan Román Riquelme, mientras tanto, fue cortado con tremendas faltas cada vez que tenía la pelota.

Así y todo, los uruguayos apenas recibieron 5 tarjetas amarillas, la misma cantidad que la Argentina, en un lo que fue un arbitraje por demás equivocado que debería ser observado por las autoridades de la FIFA, ya que sólo incitan a la violencia, tanto de los jugadores que reciben semejantes muestras de violencia, nada más alejado de la “garra charrúa” de la que los uruguayos se jactan, como de los hinchas que ven cómo sus jugadores son maltratados.

El árbitro, faltas mediante, tuvo que separar a los jugadores de ambas selecciones que, ante la impotente autoridad de Torres, preferían arreglarlo a los guapo. Uruguay, con el partido terminado, sumó 33 faltas, la mitad de las cuales tuvo la marcada intención de lastimar al rival.

El técnico Oscar Tabárez, sobre el tema, declaró: “La fricción fue la obvia de un clásico y creo que hasta favoreció Argentina”, mientras que el delantero Sebastián Abreu, declaró: “Los dos metimos más de lo que jugamos. Se hizo áspero, trabado, friccionado”, fue su particular lectura.

En definitiva, la Argentina ganó, salió airoso de un partido complicado por el clima de impaciencia que rondaba el Monumental y recuperó la senda victoriosa. Pero más de un jugador pudo haber sufrido graves consecuencias físicas, provocadas por los jugadores uruguayos, y avaladas por el árbitro Carlos Torres.
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