08-10-08 | Deportes

Un escándalo que iniciaron dirigentes y técnico

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Darle el gusto a los hinchas al traer a Juan Román Riquelme le salió caro a la dirección de Boca. El escándalo deja mal parado al presidente, Pedro Pompilio, y a un DT que perdió el control, Carlos Ischia

Un escándalo que iniciaron dirigentes y técnico

Dentro de todo lo malo que pasa Boca en estos días hay algo positivo: que no se juega fecha del torneo Apertura el próximo fin de semana. De esta forma, se evita exponer al equipo a un escándalo ante los hinchas propios y ajenos y, además, entre los mismos jugadores; en este caso, Juan Román Riquelme y Julio César Cáceres, quien se animó a decir lo que no se animan los demás.

Lo que no puede minimizarse en medio de tanto ruido es la posición de los máximos responsables en distintas áreas: Pedro Pompilio como presidente de la institución y Carlos Ischia como responsable de un plantel totalmente dividido.

No faltará quien diga -tal vez con razón- que estas cosas con Carlos Bianchi no hubieran sucedido.

Lo cierto es que se sabe que desde hace tiempo Riquelme es quien maneja al plantel y aquel que no se condice con sus ideas o sus caprichos no tendrá lugar.

Quiso Riquelme hacer lo mismo en España, pero le fue mal, sobre todo en el Villarreal, con Manuel Pellegrini, quien no aceptó sus caprichos ni sus problemas de convivencia y lo dejó afuera del equipo.

Una muestra de valor y de respeto hacia los principios básicos de la convivencia fue lo del chileno, la contracara de Ischia.

Ischia sabe que sin Riquelme, Boca andaría peor de la que anda hoy y no hubiese funcionado tan bien como funcionó en el primer semestre del año.

Pero uno de sus errores tal vez haya sido que se dejó subyugar demasiado por el volante y sus condicionamientos. Dejó que el equipo que Román debía manejar dentro de la cancha lo condujera también afuera.

Si Ischia hubiese sido más inteligente o tenido más carácter, hubiera impedido que este escándalo existiera. Y si existía, habría controlado que no saliera a la luz.

Pedro Pompilio, que es también un político que preside uno de los dos clubes más importantes del país, dejó que el escándalo fuera creciendo. No tuvo la perspicacia necesaria como para detenerlo a tiempo.

No es un dato menor su visible enojo del fin de semana cuando Mauricio Caranta dijo que no quería atajar. Quiso tomar por la tangente, pero terminó también envuelto en el problema que ahora ve la luz debido a las declaraciones de Cáceres.

Demasiado alevoso fue, y alguien se tendría que hacer cargo, que le hayan cortado el audio al arquero cuando brindó ayer una conferencia de prensa que fue más un compromiso que una posición aclaratoria.

Las palabras de Caranta quedaron en el olvido a las pocas horas, cuando el secreto a voces subió de volumen.

De esta forma, quedó en evidencia que Ischia apoyó (por conveniencia, claro) a un jugador en detrimento de un plantel. Y Pompilio no podrá negar su complicidad; por algo es el presidente de un club cuyo equipo de fútbol se ha convertido en una parodia de lo serio que supo ser en los tiempos de Carlos Bianchi.
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