La relación no fortalecida entre el técnico y los hinchas permite pensar en lo saludable de una renovación en la cancha y en la responsabilidad del equipo

Cuando Alfio Basile asumió como entrenador del seleccionado argentino lo hizo dejando a un Boca bien campeón y a punto de pegar otro grito con Ricardo La Volpe. Pero ese apoyo resultadista no servía, sin embargo, para superar la buena imagen que había dejado José Pekerman a pesar de la eliminación en el Mundial de Alemania, en 2006.
Basile asumía en el equipo nacional con el beneplácito de Julio Grondona, el titular de la AFA, y hace dos años, el 3 de septiembre, debutaba con una derrota por 3 a 0 ante Brasil, en un amistoso disputado en Londres.
Esa goleada a manos del eterno rival, que encima fue con baile, remontaba a épocas peores, de las que ni la historia pudo recuperar al equipo argentino, como aquella humillante caída por 5 a 0 ante Colombia, de la que este fin de semana se cumplieron 15 años, con un equipo dirigido por el mismo entrenador de hoy.
Entonces, había también figuras, tal como sucede en la actualidad, pero no se contaba con espíritu de equipo. Las coincidencias, entonces, son tan elocuentes como nefastas.
Es una lástima, con este panorama, que un equipo argentino que tiene jugadores queridos por el hincha no pueda consolidar el lazo, debido a que un técnico no le encuentra la vuelta.
Basile podrá enojarse con los periodistas que lo critican, volverá a enemistarse con quienes digan que el equipo no juega bien e insistirá en responder con soberbia a quienes le preguntan algo que no le gusta, pero hay algo que es indudable: la Selección no juega bien y cualquier excusa es estéril.
¿Cambios?
La pregunta fundamental sería, tal vez, si es conveniente cambiar de entrenador a mitad de un ciclo; si es productivo dar un giro de timón antes de que sea demasiado tarde.
El antecedente en este sentido indica que los tiempos no serían un problema, ya que Pekerman sucedió a Bielsa y llevó al equipo con buen tino al Mundial de Alemania.
Reemplazar a Basile en estos momentos, encima, no sería tan grave, puesto que no se equivocan quienes dicen que peor no nos podría ir.
No se puede sostener un plan de trabajo basado en figuras que no pueden actuar en equipo. Y la responsabilidad del equipo es, siempre, del entrenador.
El traspié del seleccionado da pie a pensar en sucesores. Y ahí está, como siempre, asomando Carlos Bianchi, con perfil bajo pero querido por todos. Encima, los logros lo avalan.
No se queda muy atrás, tampoco, la idea del regreso de José Pekerman. Y por qué no pensar en dos hombres que podrían aportar renovación y resultados, como Ramón Díaz y Diego Simeone.
Siempre se dice que el Pelado sólo gana cuando tiene figuras. A San Lorenzo lo sacó campeón sin grandes nombres pero, a pesar de esto, cuenta a su favor con el hecho de que en la Selección tendría a los mejores futbolistas a su disposición.
Simeone, en tanto, tiene lauros y un futuro enorme para el cargo. Podrá ser criticado por el mal juego de River pero, al fin de cuentas, llegó y lo sacó campeón, tal como hizo en su momento con Estudiantes de La Plata.
Estos son sólo algunos nombres de una lista enorme de posibles técnicos que, por suerte, siempre tiene el equipo argentino.
Al fin de cuentas se sabe que peor no nos podría ir. ¿O acaso es bueno que la gente se ilusione y llene estadios para ver a un equipo que defrauda una y otra vez?