La número 10 de la selección femenina de ese país es la única mujer a la que se le ha concedido el privilegio de sumergir sus pies en el cemento y dejar su huella en el Paseo de la Fama de Río de Janeiro, frente al Maracaná

La invitación para unirse a grandes figuras como Pelé, Garrincha, Jairzinho, Romario, Zico, Rivelino y Franz Beckenbauer demostró la estima que Brasil le tiene a la habilidosa futbolista de 22 años.
Votada como la Jugadora del Año en las últimas dos temporadas, Marta ha conseguido, casi por su cuenta, llevar el fútbol femenino de Brasil desde el estado de abatimiento hasta un nivel cercano al que cabe esperar de una de las potencias mundiales en ese deporte.
Cuatro años atrás formaba parte del equipo que se llevó la medalla de plata en Atenas, y ahora espera inspirarlo a dar un paso más y ganar el oro olímpico por primera vez.
Criada en el pequeño pueblo del noreste de Brasil Dois Riachos, en el estado de Alagoas, en lo profundo de la árida región de Sertão, Marta solía jugar al fútbol con sus hermanos cuando era niña.
Abandonó el lugar a los 16 años para probar suerte en el Vasco da Gama, y al cabo de dos años competía internacionalmente en la categoría juvenil.
Muchos hinchas opinan que Marta ha brindado al fútbol femenino aún más que la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), en un país donde no hay un campeonato nacional para mujeres desde 2001.
Marta ha jugado en Suecia desde los 18 años y ahora espera alcanzar el premio máximo en los Juegos de Beijing, que se disputarán entre el 8 y el 24 de agosto.
Fuente: Reuters