En un mercado cada vez más pobre, los equipos más poderosos de la Argentina apenas mueven el avispero. Los de Simeone se reforzaron con jugadores de segunda línea y los de Ischia ni siquiera abrieron la billetera

Hasta hace no mucho tiempo, Boca y River esperaban el receso de invierno para gastar el dinero propio - y a veces también el ajeno y moldear un plantel competitivo con aspiraciones serias a ganar los dos torneos domésticos y las copas internacionales.
Es que a diferencia de lo que sucede en el verano, el mercado de pases argentinos no impone límites a la imaginación de los presidentes de los clubes, que suelen bajar la defensa ante las tentaciones de los directores técnicos.
Los nombres que suenan por estos días son descartes de las plantillas europeas y los pocos que llegan a concretarse suelen ser promesas que se destacan en el medio local y aún no tienen el camino necesario como para soñar con el salto del Océano Atlántico.
En este caluroso invierno, River se aseguró la llegada del ex volante de Tigre Martín Galmarini, sumó al ignoto delantero uruguayo Robert Flores e intenta de reforzar su defensa con Facundo Quiroga y GerardoAlcoba. Poquito.
En La Boca ni siquiera salieron al mercado. Hubo sondeos por un volante colombiano que finalmente se fue a España, tantearon a un delantero chileno que no terminó de convencer en quienes toman decisiones, se intentó repatriar a Javier Zannetti
pero no se concretó nada.
El director técnico, Carlos Ischia, dice en público que no necesita refuerzos y la ¿nueva? dirigencia advierte que llegó la hora de los pibes.
Todavía quedan algunos días para que los equipos incorporen jugadores y, generalmente, sobre la hora de cierre llegan los joyas más caras
Aunque esta vez, la cosa pinta distinto.