07-07-08 | Deportes

Tras marcar una época, ¿se le viene la noche?

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Lo último importante que hizo Juan Pablo Sorín fue jugar el Mundial, hace dos años. Desde entonces, su carrera deportiva entró en el ostracismo. Lesionado, su club alemán no lo tiene en cuenta

Tras marcar una época, ¿se le viene la noche?

Cuando debutó en 1994 en la Primera de Argentinos y se consolidó poco después como emblema de los equipos de José Pekerman (en la Selección juvenil y en la de los mayores), el mundo del fútbol no paraba de hablar de Juan Pablo Sorín, un mediocampista y marcador de punta con pinta de crack.

Pasó al Juventus al año siguiente, pero casi no tuvo posibilidades de mostrarse. Cuando en 1996 firmó con River, tal vez pocos imaginaban que iniciaría un periplo por distintos equipos de muchos países.

Con aquel River ganó todo: tres Apertura, un Clausura, una Libertadores (1996) y una Supercopa Sudamericana (1997).

Luego fue campeón en Brasil con la camiseta del Cruzeiro, defendió los colores de la Lazio, vistió los del Barcelona, los del París Saint Germain, regresó al Cruzeiro, se incorporó a un Villarreal plagado de argentinos y posteriormente pasó al Hamburgo, donde su estrella parece haberse apagado de manera definitiva.

Las lesiones le quitaron muchas posibilidades; de hecho, el club alemán le dijo adiós en las últimas horas y ahora es incierto su futuro profesional.

Pero más allá de lesiones, hubo en el medio de su carrera muchos problemas. Se peleó con Juan Sebastián Verón dentro de una cancha por un problema que existía desde afuera; fue "colago" por el Barcelona cuando, lesionado, se lo vio en un recital que la Bersuit Vergarabat brindó en España. Tuvo también problemas con Ramón Díaz en el River de los '90.

Su paso por el Mundial de Alemania, hace dos años, no arrojó mucho a su carrera. No pudo repetir en sus últimos años profesionales lo que anunció en los primeros.

Hoy se le cierran las puertas entre lesiones y recuerdos de conflictos. Fue un jugador de elite que parece empezar a mirar el pasado con el rostro del recuerdo. De él dependerá salir a flote, a sus 32 años y con una calidad que más de uno envidia.
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