Los amantes del basquet pieden estar tranquilos. Después de ser ignorados y marginados del recorrido de la antorcha olímpica por Buenos Aires, el segundo deporte más popular del país tuvo su lugar

La sensación fue luego de ver como un basquetbolista, nada menos que Emanuel Ginóbili, recibió de parte de la Presidente de la Nación, la bandera argentina que encabezará la delegación nacional en los juegos olímpicos de Beijing.
El emotivo acto se desarrolló en el polideportivo León Najdnudel del Cenard y asistieron muchos deportistas que representarán a la Argentina en la cita más importante del deporte mundial.
Emanuel Ginóbili será el abanderado argentino en un acto de justicia que el comité olímpico local tenía pendiente con el básquet.
Este bahiense de 30 años, 1,96 de estatura y 95 kilos logró que el deporte crezca cada vez más y que la selección llegue a puntos inimaginables como el subcampeonato en el mundial de Indianápolis de 2002 y la medalla dorada conseguida en los juegos olímpicos de Atenas hace cuatro años.
Integrante fundamental de la denominada generación dorada, Ginóbili nunca puso trabas para integrar el equipo olímpico aunque su rodilla izquierda y las autoridades de la NBA dijeran lo contrario.
Siempre estuvo en la selección y liderará un equipo que no será el mismo que hace cuatro años pero que tendrá el hambre de gloria intacto.
No interpuso ninguna condición comercial a cambio de ser el abanderado nacional como sí lo hicieron otros deportistas argentinos y el tiempo que estaría destinado a descansar con su familia en su Bahía Blanca natal, lo destinará a recuperarse de su lesión para, una vez más, tratar de seguir haciendo historia para el deporte argentino.
La figura de Manu es muy importante para el Comité Olímpico Internacional que lo tiene como figura promocional del certamen y que él sea el portador de la insignia patria no hace más que confirmar que llega a la cita olímpica como el deportista más importante de la delegación.
Seguramente el gran León Najnudel, creador de la Liga Nacional y gran responsable del presente exitoso que atraviesa este deporte, estará orgulloso desde el cielo y, picando una pelota naranja, brindará por este acto de justicia con el básquetbol argentino.