Una vez más Riquelme es polémico. Como pasó en España y varias veces en Boca, ahora es el eje de una interna en la Selección. Se defiende y dice que es mentira

A Juan Román Riquelme se lo involucra en una nueva interna, esta vez en la Selección Argentina, cuando faltan apenas horas para el partido más importante camino a Sudáfrica 2010.
Tal como sucediera en la previa de la segunda semifinal entre Boca y Fluminense, cuando el mediocampista habría tenido un fuerte altercado con el arquero Pablo Migliore, las diferencias surgieron cuando el plantel dirigido por Alfio Basile ya había arribado a Brasil.
En Boca había tenido sus problemas. Alguna vez se animó a enfrentar al mismísimo Mauricio Macri, a quien ridiculizó en un Superclásico con un reclamo económico expresado de forma original. Nacía por entonces el famoso Topo Giggio.
En la escala jerárquica del club de la Ribera pasó por todos los niveles dejando la huella de su particular humor. Si bien no llegó a enfrentarlo directamente, cara a cara, luego de la caída ante el Milan en la final del Mundial de Clubes todos los rumores indicaban que Román había minimizado la figura del entrenador, Miguel Ángel Russo, y más: que él mismo estaba gestionando la llegada de un reemplazante.
En el segundo capítulo de la historia de halcones y palomas en Boca, una década después, Riquelme también jugó un importante rol. Su relación con Guillermo Barros Schelotto nunca fue óptima, al punto de que el mediocampista habría presionado -de ser así lo consiguió- para que el delantero no fuera de la partida en la Copa Intercontinental ante el Real Madrid, en 2000.
Años después, la revancha tuvo un mismo vencedor. Quienes transitan a menudo los pasillos de la Bombonera aseguran que Riquelme no sólo fue el mentor de la partida de Barros Schelotto a los Estados Unidos, sino que además impidió que el Mellizo adelantara (en Boca mismo) su carrera como entrenador.
Siempre se empeñó Román en trasladar al vestuario su liderazgo en la cancha. Una de las últimas en Boca ocurrió cuando Lucas Castromán acababa de arribar al club. No hubo muchas vueltas. Riquelme le recriminó a su nuevo compañero declaraciones de antaño y el conflicto, naturalmente, trascendió. Desde entonces, por una cosa o por otra, el ex Vélez apenas si pisó la cancha y hoy debe buscarse nuevo destino.
"Este es un invento más que me ponen en el camino. Mañana dirán que estoy peleado con Javier (por Zanetti, quien estaba sentado a su lado)", dijo Riquelme ayer, cuando lo consultaron acerca de si tenía problemas con Lionel Messi. De a poco esa se va convirtiendo en la respuesta más escuchada.
Todo comenzó cuando el presidente de la AFA, Julio Grondona, habría ingresado al vestuario tras el pobre empate entre Argentina y Ecuador y, en dirección de Messi, tiró: "Mirá que vos sos el dueño del equipo".
"Horas antes del partido no voy a hablar de semejantes pavadas, lamento profundamente que me tomen por estúpido", se excusó el directivo al ser consultado por el tema. Pero si eso sucedió realmente, no habría hecho más que echar nafta al fuego originado, justamente, en una lucha de egos.
Como la que tuvo lugar en Alemania 2006, cuando (otra vez) Riquelme se habría enfrentado al entonces indiscutido Hernán Crespo. No faltaron exagerados que dijeran que esa interna se trasladó a la cancha, donde era difícil encontrar una conexión entre ambos.
Donde Román jamás pudo ocultar problemas extrafutbolísticos fue en su estancia en Villarreal. Pasado el período de prosperidad, llegaron las mediáticas peleas con el entrenador Manuel Pellegrini. Ese partido fue de los pocos (¿el único?) que el argentino perdió por goleada.
Hoy, a horas del gran clásico del continente, el fútbol cede el lugar a los recelos de camarines. Otro culebrón con protagonista conocido.