Parece una constante: sus técnicos suelen irse enemistados con los jugadores. Como a Ramón Díaz, le pasó a Héctor Veira, Oscar Ruggeri (no lo sostenían tampoco los resultados) y Gustavo Alfaro

El principal motivo para que se fuera Ramón Díaz de San Lorenzo fue su mala relación con la mayoría de los integrantes del plantel. Aquella teoría de la discusión por el reparto de los premios era apenas un eslabón en una cadena de desencuentros entre director y dirigidos.
A Díaz, sólo lo respaldaban (además de sus hijos), Gastón Aguirre, Cristian Tula y Andrés Silvera. El resto, quería cambiar de entrenador. Así, el Pelado no tenía plafón para continuar.
Ahora que su renuncia se consumó, entre los mismos hinchas del Ciclón llama la atención que la mayoría de sus últimos entrenadores hayan tenido que marcharse por llevarse mal con los jugadores.
Los otros casos
Son los de Héctor Rodolfo Veira, Oscar Ruggeri y Gustavo Alfaro. Y en todos se da la constante de una pésima relación, más allá de los números.
A mediados de 2005, Veira se tuvo que marchar con una campaña futbolística que estuvo lejos de sus años de gloria. Pero el cuadro no cerraba del todo si no se toma en cuenta que también tenía una mala relación con algunos referentes.
Pablo Michelini era uno de los principales enfrentados al Bambino, pero no estaba solo. Otro era José Fabián Ramírez, además de Ariel Pereyra. "Le hacíamos caso a lo que el 'tipo' nos pedía", refería -de manera despectiva- Pereyra al hablar del ciclo de Veira. Aldo Paredes y Germán Herrera eran otros de los que no se llevaban bien con el conocido entrenador.
El caso de Gustavo Alfaro es otro a tener en cuenta. A él se le rebelaron los más jóvenes, encabezados entonces por Pablo Barrientos, Ezequiel Lavezzi y Jorge Ortiz.
Entonces el plantel tenía problemas de indisciplina y desde la comisión directiva se había creado un "manual de conducta" que los jugadores rechazaron sin ambages.
"Ningún librito nos va a decir lo que tenemos que hacer", había dicho uno de los jugadores de aquel equipo.
En el caso de Alfaro, los problemas se incrementaban por su mala relación con los directivos.
Una fuente muy ligada a San Lorenzo recordó que en aquellos tiempos, después de una derrota como local ante Colón por 4 a 1, sospechosamente se liberó el estacionamiento para que los hinchas pudiesen acercarse a los jugadores y al técnico e insultarlos.
Otro tema que también había caído mal fue que tras una victoria ante Boca, Alfaro dio una entrevista en la que dijo "Así le gané a Boca". Este atributo sin compartir con sus dirigidos fue lo último que le aguantó el plantel, que entonces -dicen- estaba muy influenciado por un entrenador juvenil que no se llevaba nada bien con el técnico de Primera.
Oscar Ruggeri contó con dos contras enormes cuando tuvo que renunciar. Una campaña malísima y su mala relación con el arquero de esos tiempos, Sebastián Saja.
No se llevaban nada bien a pesar de que el Cabezón fue el entrenador que lo hizo debutar en la Primera.
Pero la recordada tarde de lluvia en el Monumental en la que San Lorenzo cayó por 5 a 0 ante River y el 7 a 1 con Boca fueron dos golpes de los que Ruggeri no pudo zafar. Su mala relación, a esa altura, no era sólo con sus dirigidos, sino también con los hinchas.