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Viernes 27 de Noviembre
24-05-08 | Deportes Imprimir Galería
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El juego de las lágrimas

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El llanto de dos jugadores emblemáticos del equipo de Ramón Díaz, como Andrés D'Alessandro y Agustín Orión, fue el resumen del dolor de un plantel y un club que apostaron todo a la Libertadores

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En el año del centenario de la institución, ganar esta Copa era el primer objetivo para tener presencia en la elite del fútbol internacional de América, plano en el que-curiosamente- San Lorenzo nunca tuvo peso.

Después de un comienzo irregular, la clasificación obtenida de manera heroica ante River afianzó la esperanza de los hinchas azulgranas de conseguir el título más deseado.

San Lorenzo, hay que decirlo, no es Boca en estos momentos, pero tiene lo suyo y es más que la Liga Universitaria. Pero eso, aunque sólo hayan pasado unas horas desde la eliminación copera, es para analizar desde otro ángulo.

Lo que no fue un dato más es la imagen del llanto de los jugadores al retirarse del estadio, gesto resumido en Orión y D'Alessandro.

El arquero, consolidado en su puesto por Ramón Díaz, se convirtió en un puntal del equipo. Algunos errores provocaron dolores de cabeza que se curaron con atajadas memorables. Así y todo, se hizo también referente de los hinchas.

En el caso del volante, su identificación con River hizo peligrar su relación con el público. Pero, justamente, desde el 2 a 2 en el Monumental, todo cambió. En esa noche emblemática se puso a la gente en el bolsillo. Curiosamente, su rendimiento y su garra fueron de menor a mayor desde que comenzó a insultarlo todo el Monumental cuando los millonarios iban 2 a 0. Pidiendo desde la cancha el apoyo del hincha, D'Alessandro fue otro desde ese momento y hasta hoy. Peleó cada partido y cada jugada como si fuese la última; protestó cuando era necesario (y más) y corrió como si fuese la última vez.

La gente entendió y aplaudió tanta entrega que quedó consolidada con el sentimiento que reflejó en el llanto. D'Alesandro no es un actor, como tampoco lo es Orión. Todo el equipo de San Lorenzo sintió en lo más íntimo la derrota. Sólo que en ellos dos se resumió el dolor.

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