19-05-08 | Deportes

La tranquilidad de uno, la exposición del otro

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El clásico entre Independiente y River demostró las diferencias entre Claudio Borghi y Diego Simeone. Uno fue a ver fútbol; el otro, siguió con más de lo mismo: intentar ser más protagonista que los jugadores

La tranquilidad de uno, la exposición del otro

Claudio Borghi y Diego Simeone vivieron el clásico tal vez con la misma intensidad interna, pero la manifestaron de diferente manera.

Mientras que el técnico del conjunto de Avellaneda se mostró tranquilo, su colega de River apeló una vez más al protagonismo.

Los gestos ampulosos del Cholo, que parecen marear a los jugadores, tal vez transmitieron nerviosismo; fue una clara contrapartida con la tranquilidad que generó Borghi desde su costado del campo de juego. El resultado fue 0 a 0, pero en el balance general fue Independiente el que mereció llevarse los tres puntos.

A esta altura cabe preguntarse si Simeone tiene freno. Se trata de un entrenador mediático al que le encanta salir en tapas de revistas a cualquier precio: poco le importó posar para Caras el día después del empate ante San Lorenzo que le significó a River la eliminación de la Libertadores.

A la cancha sale elegante, como si fuera a una fiesta, y por momentos se asemeja más a un modelo que a un entrenador.

Como si fuera poco, perdió credibilidad con los hinchas millonarios, que ya no tienen la misma imagen que tenían a fines de diciembre, cuando era el candidato ideal para suceder a Daniel Passarella.

Ahora que River dejó escapar la punta del torneo (aún no la perdió, claro), la pregunta es qué pasará en junio, cuando el balance sea negativo, si no sale campeón a nivel local y todavía queda flotando en el aire por la forma en que fue eliminado de la Copa.

¿Seguirán sus dirigidos creyendo en los proyectos de un entrenador mediático?
En Independiente, en cambio, todo es más tranquilo. Claudio Borghi no utiliza su imagen y apela a fútbol cien por cien. El equipo todavía no es el suyo, sino que recién lo empezó a preparar de cara al segundo semestre. Tal vez habrá llegado el momento de que Simeone olvide sus gestos ampulosos para aprender de otros más acordes al mundo del fútbol.
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