En tiempos en que la violencia en el fútbol es por demás habitual, y sobre todo cuando se trata de un Boca-River, alguien dejó que se pase por alto la seguridad y aceleró una seguidilla de hechos poco saludables

La lamentable imagen de policías debajo de la lluvia de maíz, huevos y plumas que arrojaron los hinchas de Boca contra los jugadores de River tiene poco y nada de cómico, pero mucho de triste.
Triste porque se sabe que es imposible que, si es cierto que hay seguridad para evitar violencia, un grupo de hinchas pueda ingresar a un estadio con unas cuantas bolsas sospechosas. Si lo hicieron es porque hubo complicidad; no hay demasiadas vueltas.
Es que en este contexto se debería tener en cuenta que, cuando se habla de un Superclásico, se hace referencia a un partido del primer mundo. Se ve que la seguridad no estuvo a la altura de las circunstancias.
Pregunta: ¿Qué hubiese pasado si dentro del maíz había algún elemento contundente? ¿Y si así se golpeaba a un uniformado o a un jugador de River? ¿Hubieran seguido las cargadas? ¿Los dirigentes de Boca habrían criticado a un "socio demente" o hubiesen seguido la tesitura de reírse del apodo del rival de siempre?
La semana pasada, y por la Copa Libertadores, La Bombonera fue escenario de un incidente cuando un socio arrojó un pedazo de hielo contra un juez de línea. Pocos días después, la seguridad de un partido vuelve a ser vulnerada y se la justifica como una "cargada sana".
Lo cierto es que al agresor del juez todavía no se lo identificó, a pesar de las promesas de los dirigentes xeneizes. Y horas después, en el mismo escenario y con los mismos directivos, la seguridad vuelve a ser quebrantada.