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Domingo 22 de Noviembre
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A pesar de la violencia, todo siguió igual

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Detenidos y heridos -entre ellos un policía- aportaron la cuota negra como ocurre cada fin de semana en el fútbol argentino. Esta vez el protagonismo volvió a ser de Los Borrachos del Tablón, la barra brava de River

Alejandro Duchini (Infobae.com)  

Hace más de un año que el grupo de choque riverplatense protagoniza incidentes en pos del liderazgo por el que bregan sus grupos internos. El año pasado uno de los primeros enfrentamientos incluyó un tiroteo en los quinchos del Monumental, luego se produjo la muerte de uno de los líderes en las calles de Villa Urquiza (Gonzalo Acro, allegado a Adrián Rousseau) y después siguieron otros hechos, como el choque en el Carrefour de Vicente López o, hace un mes, cuando una patota agredió al integrante de un grupo antagónico en el barrio de Retiro, antes de un partido por la Copa Libertadores.

Los hechos se repiten tanto entre los barras de River como en los demás partidos. Hace tres semanas el fútbol cobraba otra víctima, Emanuel Álvarez, antes del encuentro entre Vélez, club al que seguía la víctima, y San Lorenzo, que ese sábado era local. El partido se suspendió no por coherencia de las autoridades que deben asegurar orden sino por la furia de los hinchas de Liniers.

La semana pasada ocurrió lo mismo cuando la gente de Racing obligó a suspender el encuentro ante Estudiantes, que ganaba 2 a 1.

Y ahora, una vez más, los incidentes vuelven a tener los colores de River, cuyos barras pelean porque se odian y porque hay en juego un botín que quedó al descubierto cuando se conoció, el año pasado, que algunos de ellos era empleados del club. Entre ellos, el fallecido Gonzalo Acro.

Lo de River no daba para más pero, aunque parezca increíble, sigue dando. Se detuvo a los hermanos Alan y William Schlenker –líderes de uno de los grupos y presuntos ideólogos del crimen de Acro- y se le prohibió el ingreso a los estadios a Adrián Rousseau, capo del otro sector. Pero los incidentes siguen.

Ahora hay otros grupos que quieren apoderarse de la popular riverplatense y pretenden desconocer la autoridad que, aparentemente, sigue manteniendo Rousseau desde afuera de los estadios pero adentro de uno de los grupos de choque.

Lo irrisorio es que las autoridades perdieron el control de la situación. Nadie hizo inteligencia cuando se sabía que los barras de River encuentran cualquier lugar, hora y motivo para seguir adelante con los golpes, los heridos y, posiblemente, los más muertos que se sumarán a una enorme y sangrienta lista que tiene el fútbol argentino.

En medio de tanta violencia, el partido entre River y Arsenal no fue suspendido. Las autoridades dejaron jugar, volvieron a cometer el error que tuvieron cuando no suspendieron San Lorenzo-Vélez. Decíamos que esa vez la suspensión fue por la furia de los hinchas y no por la inteligencia de las autoridades.

Esta tarde, quienes deben cuidar el orden en los estadios, volvieron a dejar de lado toda coherencia. No suspendieron el partido y dejaron que los barras vencidos se vayan a las calles para mantener el miedo latente de su regreso por una venganza.

Después vendrán las palabras de las autoridades de la AFA que defienden aquello del "show debe continuar" diciendo que si suspenden el partido terminan ganando los violentos. Lo que no quieren ver los responsables, sin embargo, es que los violentos ya ganaron. Y siguen ganando.

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