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Lunes 9 de Noviembre
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¿Adónde va la Selección?

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La victoria sobre Egipto fue más de lo mismo: resultado aparte, el equipo aburre y no consigue meterse en el corazón de la gente. Así, el amistoso pasó desapercibido entre los partidos de la Libertadores

En los últimos tiempos, nunca se dio que un encuentro protagonizado por el seleccionado argentino quedara tan en segundo plano como este miércoles, cuando poco y nada se habló del conjunto albiceleste. En contrapartida, fue más importante la presencia, unas horas después, de River ante Universidad Católica de Chile, y la expectativa, un día más tarde, de Boca y Colo Colo, por la Copa Libertadores.

Se palpa en la calle, en los sitios de internet, en los espacios de diarios, radios y canales de tv: River y Boca importan más.

Y eso no es alentador si lo que se busca o intenta es que, en términos futbolísticos, un equipo represente a un país.

Dicho de otra forma, la gente no se identifica con el equipo porque, justamente, el equipo no busca identificarse con la gente.

Si antes se culpaba a Riquelme por la lentitud del juego, ahora que el volante de Boca no estuvo, queda en evidencia que hay otras razones para que el conjunto toque, toque y toque y no ataque.

Tanto toque da lugar a suspicacias: ¿se les teme a los rivales? Ya sea Egipto, Brasil o Sudáfrica -por nombrar ejemplos- el respeto puede más que la audacia.

Tiene que aparecer un Agüero para darle algún brillo a un equipo que es opaco durante casi todo el partido. Después, todo ataque -no ya gol- parece más cuestión de azar que de causalidad.

El partido con Egipto invitaba, desde los televisores, a aprovechar más la siesta que otra cosa. Se dormía uno viendo a once tipos jugando anodinamente, desganados. Heinze gritaba y protestaba, ponía garra, pero no alcanzaba porque no contagiaba.

La actitud grupal, que posiblemente emana del técnico, no es nueva. El pasado reciente de este proceso con Basile al frente condena al equipo. Y el futuro no da lugar para la esperanza. A no ser que se cambie la actitud.

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