San Lorenzo y River se enfrentarán entre sí el próximo domingo, por el Torneo Clausura. Y ambos llegarán en condiciones inesperadas si se tiene en cuenta la expectativa que habían generado sus equipos

Ni Ramón Díaz ni Diego Simeone, figuras mediáticas del fútbol argentino de los últimos tiempos, esperaban estar como están: con sus conjuntos jugando sin convencer del todo y perdiendo puntos que se daban por ganados.
San Lorenzo perdió en sus dos presentaciones en el Clausura y River, que le había ganado a Gimnasia y Esgrima de Jujuy en la primera fecha, consiguió un empate ante Newell's, en Rosario, gracias a la gran actuación de su arquero, Juan Pablo Carrizo.
Que un arquero sea la figura de River no habla nada bien de su presente. Tal vez porque la imagen que está dando el equipo no se corresponda con todo lo que se había generado en torno a la contratación de Diego Simeone.
El técnico había ganado protagonismo avalado más por su imagen personal que por sus resultados deportivos. El título conseguido un año antes con Estudiantes parecía ser suficiente para quitar las penas de un 2007 paupérrimo en todo sentido y la necesidad de resultados urgentes era más fuerte que la obligación (no respetada, finalmente) de detenerse a pensar si realmente Simeone era el hombre ideal para el cargo.
Había que dar un golpe de timón: caído Daniel Passarella no quedaban más alternativas que Simeone o Ramón Díaz. Y Díaz optó por seguir con San Lorenzo y dejar al presidente de River, José María Aguilar, mal parado y sin otra opción que jugar su suerte con el "Cholo". Hasta ahora, ninguno de los tres protagonistas de esta comedia de verano queda bien parado. De todos modos, el crédito sigue abierto porque el camino recién comienza.
La derrota ante el San Martín de Perú, por la Libertadores, fue el hazmerreír del mundillo futbolero y Simeone, la víctima, el chico de las cargadas. Con ese resultado adverso, de pronto, dejaron de ser importantes sus nuevos conceptos europeizados de dejar de lado las facturas con el mate de los jugadores para que coman frutas; entonces todo lo que era innovador pasó a ser frustrante. Ni una cosa ni la otra. Volvió a faltar el equilibrio.
Newell's era una buena ocasión para levantar cabeza, pero el único que levantó fue Carrizo. El presente no es el mejor: Ariel Ortega no aparece y no hay a la vista ningún jugador que pueda cargar con el rótulo de figura y reemplazar a Simeone en el papel de referente. Hoy, mal que pese, River es Simeone.
Cien años, miles de problemas
A Ramón Díaz no le va mejor. Hace menos de un año era el más grande, cuando llevaba a San Lorenzo al campeonato. Ahora que las cosas no se dan, a pesar de la presencia de jugadores reconocidos, tal el caso de Andrés D'Alessandro, los hinchas lo miran de reojo. Así son las leyes del fútbol: hoy sos ídolo, mañana sos el peor.
En el año del centenario del club, y cuando la ilusión por ganar la Copa Libertadores se hace más fuerte que nunca, los resultados son adversos.
Pero a diferencia de River, en San Lorenzo se nota que hay otra esperanza: la del buen juego, la de la buena racha que llegará en cualquier momento.
Con San Martín de San Juan el equipo mereció mejor suerte. No la tuvo y perdió uno de esos partidos que no suelen perderse. No es común que un grande, jugando encima de local, caiga ante un débil equipo sanjuanino, sin desmerecimientos, claro. Pero en este caso la situación se agrava si se toma en cuenta que la anterior derrota fue también en el Bajo Flores, ante Newell's, por 2 a 0.
El jueves recibirá al Cruzeiro por la Libertadores en un partido que es vital para sus aspiraciones. Ganar no sólo le significará un avance en el torneo continental, sino también -y sobre todo- una inyección anímica en todo sentido, lo que repercutiría de manera sistemática en el torneo local. Perder, en cambio, obligaría a replantear todo, a ver que las fichas del tablero no están distribuidas de la mejor manera.
River, en tanto, no tendrá la presión de un partido entre semana. Lo suyo apunta a levantar cabeza y para lograrlo no le queda otra que medirse ante San Lorenzo, el domingo.
No se puede obviar, más allá del duelo entre dos equipos grandes, que Diego Simeone y Ramón Díaz jugarán, entre ellos -mal que les pese- un partido aparte. Los dos tienen mucho que ganar. Y que perder.