14-02-08 | Deportes

¿Y la mística dónde está?

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Los equipos argentinos solían jugar de visitante con otro espíritu y cosechaban mejores resultados. De hecho, de estas tierras salió la mayor cantidad de campeones del continente. Ahora la tendencia parece derrumbarse. Encuesta

¿Y la mística dónde está?

La historia de la Copa Libertadores arroja un número contundente: de Argentina salieron siete campeones diferentes que cosecharon un total de 21 títulos, contra los lejanos 13 que ganaron los clubes brasileños.

La clave tal vez radica en una de las máximas que aún conserva esta competición continental: hay que ganar de local sin excepciones y hacer un papel digno de visitante, para llevarse a casa aunque sea un punto en la fase de grupos o un buen resultado (derrota por un gol, empate o, por qué no, una victoria) en los playoffs.

Los equipos argentinos respondían a ese axioma y en eso basaron sus éxitos, a punto tal que en los 48 años de historia de este torneo nunca hubo largos periodos sin triunfos nacionales. En realidad, la peor racha vino después de la primera consagración de River, en 1986, que se cortó con la victoria del Vélez de Bianchi, en 1994.

Las caídas de San Lorenzo, Estudiantes y River en las primeras presentaciones argentinas en la Copa ponen en jaque la tendencia. Si algo tuvieron en común los tres derrotados -quizá con excepción del Pincha-, es que no mostraron actitud para afrontar el compromiso en escenario ajeno, con más o menos altura. En fin, eliminaron ese plus que los diferenciaba del resto de los rivales.

Por ejemplo, los equipos venezolanos, bolivianos o ecuatorianos tuvieron como principal aliada, históricamente, la altura. Se hacen fuerte de local y muestran una personalidad de la que carecen totalmente cuando deben jugar como visitante. Y casi siempre se van, con sus planteos defensivos y su timidez, con una goleada a cuestas.

El problema es que, entretanto, los equipos brasileños pusieron sobre la mesa otra realidad. En dos presentaciones como visitante, cosecharon igual cantidad de empates.

El Santos se fue de Colombia en cero ante el Cúcuta, en un partido que mostró más opciones de ataque de parte del conjunto local pero en el que finalmente prevaleció la solidez e inteligencia del planteo visitante.

El mismo resultado logró el Flamengo, que hizo su debut en el certamen ante el Bolognesi, de Perú, en la ciudad de Tacna. En este caso, el encuentro fue menos interesante, pero de igual modo le sirvió al conjunto brasileño.

En Belo Horizonte, por su parte, el Cruzeiro se impuso como local 3-0 sobre el Real Potosí boliviano.

Restan tres debuts de parte de los nuestros: Lanús, que lo hará esta noche ante el Danubio y de local; Boca, que comenzará la defensa del título en Venezuela ante el Unión Atlético Maracaibo, el próximo miércoles; y Arsenal, que el mismo día recibirá a Libertad en Buenos Aires.

El ejemplo
El segundo Boca de Bianchi, el que se consagró campeón de la Libertadores en 2003, fue acaso el que mejor ha sabido llevar esto de mostrar guapeza en terreno visitante. Basta echar un vistazo a los números, sobre todo los de la recta final.

En la fase de grupos, ganó un partido, empató otro y perdió el restante. A partir de la segunda fase, ganó todos sus encuentros de visitante (4) y, paradójicamente, en una de las series perdió de local (ante el Paysandú, por 1-0, y luego lo dio vuelta en Brasil, al ganar por 4-2).

Es evidente que habrá que modificar esquemas, elevar ambiciones y arriesgar un poco más para recuperar esa mística copera. Por ahora perdida, y por supuesto sufrida.
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