
El santafesino se tomó su tiempo. Estuvo trece meses sin jugar, volvió y, aunque no se le dieron los resultados perdió los tres partidos que disputó desde entonces-, aún sigue pensando en que puede salir adelante, optimismo que reafirmó con progresivas mejoras en su juego.
El bonaerense siguió y siguió, hasta que se lesionó en la última parte de 2007 y entonces sí, frenó. En 2008 regresó al circuito y las ilusiones de ver la mejor versión de su exquisito juego se desplomaron rápidamente, sensación basada no tanto en las derrotas sino en la actitud que mostró en la cancha.
Esas son, a grandes rasgos, las diferencias que existen hoy entre Guillermo Coria y Gastón Gaudio, ex número tres y cinco del mundo, respectivamente, y viejos baluartes de la famosa Legión que hoy pasan por el peor momento de sus carreras.
Una lectura rápida de los resultados podría ponerlos en una escala de igualdad, pero nuevamente sería una lectura errónea. También en las declaraciones de uno y otro se vislumbran los contrastes; las ganas de seguir y de "volver a ser", las de abandonar todo para dejar de sufrir
"Quedé tremendamente satisfecho por el juego que entregué. Me parece que mi tenis no está tan lejos de lo que quiero. Creo que comienza definitivamente mi vuelta", se entusiasmó Coria luego de perder ante el uruguayo Pablo Cuevas por 6-4, 4-6 y 6-3. No conforme, calificó su actuación con un "nueve".
"No me sentí bien en todo el partido, y con un resultado así no me dan muchas ganas de seguir jugando. La verdad es que se me está poniendo muy difícil realizar buenos partidos y además la motivación ya no es la misma", fueron, en cambio, las palabras de Gaudio, quien cayó ante el español Santiago Ventura por 6-3 y 6-0.
Coinciden, además de en los números, en que la falta de confianza hizo mella en sus rendimientos. Pero, una vez más, la diferencia detrás de la mera apariencia. Ayer mismo, El Mago empezó a superar el gran karma que arrastra desde el comienzo de su declive: las famosas doble faltas. Sacó mejor y eso le permitió llevarse un set. Además, protagonizó peloteos largos y luchó hasta el final, para despedirse con la frente alta y encarar lo que viene con las mismas fuerzas.
El Gato, por su parte, fue copia fiel de su última etapa. No estuvo profundo en sus tiros, se fastidió consigo mismo en varias oportunidades y se quebró fácilmente (incluso se mostró muy desganado en el segundo set). Hasta hizo juego con el resultado del único partido que había disputado previamente en 2008: invirtió los parciales respecto de la caída por 6-0 y 6-3 ante el japonés Kei Nishikori, en Miami.
Si bien la ilusión de volver a verlos brillar tiene cada vez menos sustento, el presente muestra diferencias claras y puede servir como indicio para el futuro. Porque, al fin y al cabo, la moneda de la derrota también puede tener dos caras.