Tras un informe revelador de la CAL donde muestra el estado de salud preocupante de la industria del libro en Argentina, surge una gran pregunta: ¿​por qué, pese a su dinamismo, ​diversidad​ ​y calidad,​ la industria editorial ​no logra reducir el déficit comercial y ampliar sus mercados en el exterior? 

Libreria Adán Buenosayres (Foto: Adrián Escandar)
Libreria Adán Buenosayres (Foto: Adrián Escandar)

El jueves pasado la Cámara Argentina del Libro presentó el informe de desempeño de la industria editorial durante el primer semestre del año. Lejos de mejorar, el informe destaca que en los primeros seis meses de 2017 el mercado profundizó la caída sufrida en 2016. El descenso de unidades vendidas en estos primeros meses respecto a igual período de 2016 osciló entre 15% y 25% según la editorial y la producción del segmento comercial se redujo un 14%. ​De igual modo, todo indica que el año terminará con un déficit comercial de más del 20% respecto de 2016, año en que las importaciones superaron a las exportaciones en 50 millones de dólares.

¿Por qué debería preocuparnos el estado de salud de la industria del libro en Argentina? Primero por lo obvio, porque se trata de un sector conformado por cientos de pequeñas y medianas empresas, y de miles de personas que directa o indirectamente viven de la producción y venta de libros. Segundo, porque a diferencia de otras ramas de la economía, crear y afianzar una editorial o una librería implican un largo aprendizaje y una inversión de muchos años. Finalmente, porque el libro sigue siendo el medio privilegiado de producción y circulación de la producción literaria e intelectual. Por lo tanto, la reducción de los catálogos y las tiradas, el cierre de librerías, o la mayor concentración del mercado, tienen efectos directos y duraderos sobre la calidad de la cultura de una sociedad.

Evolución interanual del mercado editorial, según la Cámara Argentina del Libro
Evolución interanual del mercado editorial, según la Cámara Argentina del Libro

De todos los aspectos que pueden ser analizados, quiero concentrarme brevemente en el comercio exterior. En la actualidad las exportaciones no logran despegar y las importaciones siguen creciendo. ​Esta situación no es nueva. ​Desde hace varios años la exportación argentina viene perdiendo peso en el mercado editorial de lengua castellana. No solo quedó rezagada frente a España, el gran jugador de la región, sino también frente a México y Colombia​, que pese a tener un mercado más chico y menos diverso que el nuestro, cuenta con una política consistente de promoción​ de la producción. ​Salvo en las obras de historia, ya no quedan rastros ​de la "edad de oro" de​l​ libro argentino​, ​entre fines de la década de 1930 e inicios de la de 1950, años en los que se convirtió en el principal exportador editorial de lengua castellana. ​​Ahora, si el déficit comercial y la pérdida de competitividad es un dato importante en cualquier momento, ​se vuelve especialmente preocupante​ ​en una coyuntura de marcada retracción del consumo ​interno. Si el consumo continúa descendiendo y la importación se mantiene en niveles elevados, sin que haya una contrapartida de exportación, las editoriales nacionales se ven afectadas tanto por la menor demanda como por el desplazamiento de sus libros de las librerías por obras comerciales producidas en el exterior. ​Cuestión que se resulta todavía más grave para el sector gráfico local ​que no solo enfrenta la caída de la demanda sino la decisión de ciertos sellos argentinos de imprimir sus libros en el exterior.

¿​A qué se debe que la industria editorial argentina, pese a su dinamismo,​ ​diversidad​ ​y calidad,​ ​no logre reducir el déficit comercial y ampliar sus mercados en el exterior?​ ​Hay distintas razones que lo explican, algunas más inmediatas​ ​y otras de largo plazo.

El Ateneo Grand Splendid
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En la importación nos enfrentamos a los siguientes problemas: al ingreso normal y deseable de títulos publicados por editoriales extranjeras que enriquecen la oferta cultural local, se suma la importación de volúmenes producidos en Argentina pero impresos en el exterior, especialmente en China, y de saldos a muy bajo precio que inundan el mercado, especialmente de origen español. ​Si bien este último rubro registra un descenso respecto al año anterior, fue también el que más aumentó en 2016: 793% en dólares de acuerdo al Libro Blanco de la Cámara Argentina de Publicaciones (esa es la cifra, no falta una coma ni sobra un número). ​La decisión de ​los sellos argentinos de ​imprimir en el exterior se ​debe en algunos casos ​a razones técnicas, ​libros que son difíciles de realizar en el país, y en otros ​al aprovechamiento de una economía de escala, ya que a partir de cierta tirada es más rentable hacerlo afuera donde los costos son más bajos. Para señalar uno de los puntos más delicados, ​aunque no el único, ​en Argentina el papel -materia prima fundamental del libro- es caro​ porque su producción está ​cartelizada y porque paga un gravamen que se extiende al precio final del libro. El ingreso masivo de saldos a bajo precio es un problema complejo que​, de mediar una decisión política,​ ​podría ​ser en​carado a través de medidas regulatoria​s específicas​.

La Feria de Editores, una iniciativa de las editoriales más pequeñas para atraer lectores
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Parte de la explicación del bajo volumen de exportación se encuentra en las mismas razones: los altos costos de producción internos, que se agravan con un tipo de cambio poco competitivo. Pero también por la ausencia de regímenes especiales de exportación adecuados a la clase de producto que es el libro. En este sentido, y luego de las reiteradas solicitudes del sector, hace unos meses se aprobó un sistema simplificado de exportación, que, no obstante, aún no​ fue​ implement​ado​.

También deben atenderse razones de más largo plazo que habitualmente pasan desapercibidas al concentrarnos en los aspectos más inmediatos y evidentes del mercado. Ingresar en mercados extranjeros lleva tiempo y más tiempo aún consolidar una presencia. Para eso es necesario desplegar estrategias sostenidas cuyos efectos son más dilatados en el tiempo pero ciertamente más duraderos​: participación en ferias, misiones comerciales, prácticas de promoción, etc. En estas áreas existe un trabajo del Estado y de las cámaras del sector que, si bien debería continuar​ ​y ampliarse, ​choca con los problemas estructurales mencionados que demoran o dificultan esa inserción internacional. Dicho de otro modo: aunque importantes, las acciones aisladas​ pueden surtir poco o ningún efecto si no son contempladas dentro de una política estratégica general para el desarrollo editorial argentino. Cuestión que, como se puede apreciar, no ha estado en la agenda del Gobierno.

 
 

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