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Lunes 9 de Noviembre
24-11-08 | Copa Davis Imprimir Galería
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La chance histórica que se esfumó en nuestra casa

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Sin Nadal, de locales, con la superficie elegida y el público a favor: aun así, el equipo argentino de Copa Davis cayó sin atenuntes ante "La Armada"

Pedro Fermanelli (Infobae.com)  

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El sueño de la Copa Davis quedó nuevamente trunco y cualquiera dirá ahora que no será nunca, porque en ésta sí que estaban dadas todas las condiciones para conseguirlo: la superficie, la jerarquía de Juan Martín Del Potro y de David Nalbandian, la ausencia de Rafael Nadal, el bajo nivel de David Ferrer…

Y fueron los menos pensados los que cambiaron la historia, los que dejaron patas para arriba toda esa euforia que se vivió en la previa. Feliciano López y Fernando Verdasco, los hombres que en primera instancia estaban apuntados únicamente para el sábado, se vistieron de héroes y ganaron cada punto que jugaron.

El primero, el single a Del Potro; el segundo, el punto definitivo a José Acasuso; y juntos, el dobles, al final la clave de la serie. No sólo el fútbol tiene su dinámica de lo impensado. Hay más.

Puede que sea éste el punto de quiebre de un grupo -por no hablar de generación, salvando a Del Potro- que tan cerca estuvo de saldar la deuda histórica del tenis argentino. Esa que ni Guillermo Vilas y José Luis Clerc juntos (¿juntos?) lograron. Esta que ni Nalbandian y Del Potro juntos (¿juntos?) consiguieron ahora (¿habrá otra oportunidad?).

No fue ninguna de las tres derrotas por separado la causa de este golpe. Quién pudiera pensar que la explicación radicaría en una simple paradoja: en la Argentina, el tenis como deporte en sí –y su carácter individualista- no acapara ni el 20 por ciento de la atención que ofrece cuando se habla de la actividad como Copa Davis –una competición por equipos-.

Amamos la idea de conjunto, los argentinos (y no le echemos la culpa de todo al fútbol). Y lo que vimos en todos estos días poco se pareció a un equipo. Ni siquiera hace falta meterse en una habitación de hotel y evocar las peleas por intereses, las guerras de egos, los golpes bajos a la hora de las palabras. Una imagen resumió toda esa sensación: los españoles recibieron abrazados el trofeo; los argentinos participaron de la ceremonia con las manos detrás de la cintura.

Si sigue Alberto Mancini, si continúa Nalbandian, si volverá a abrirse un cuadro tan interesante como el de 2008… cuestiones a resolver y a pensar sin urgencias. Cuando sea que quieran sanar estas heridas.

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