Entradas en dólares, vestimenta extranjera y glamour, son las características del público presente en la final de la Davis, que se quiso distinguir por su poder adquisitivo, pero no dudó en apelar al insulto en la adversidad

Mucho se habló de las actitudes del público argentino en la previa de la final, y los españoles no evitaron el tema. Si hasta Rafael Nadal se permitió decir que: Si el público se sobrepasa, los españoles deberían irse de la cancha.
Y en la primera jornada de competencia, todo venía bien mientras David Nalbandian arrollaba en el juego y en el resultado a David Ferrer. Cánticos adecuados, silencio mientras se disputaban los puntos y festejo cuando correspondía.
Luego, en el transcurso de la derrota de Juan Martín del Potro ante Feliciano López, ese público que pretende distinguirse por su poder adquisitivo, dejó en claro que aunque la mona se vista de seda, mona queda.
Se disputaba un punto crucial para el desarrollo, y López conectó un drive que picó cerca de la línea de fondo, tras lo cual un espectador gritó: ¡Larga!, suficiente para que el español se molestara ante tal interrupción y el árbitro del encuentro advirtiera que en la próxima no habría pedido de silencio, sino que se cobraría con un punto en contra.
Finalmente ayer, en el punto de doble, y cuando España dominaba el tercer set por 5-1, los espectadores iniciaron sus cantos insultantes para la pareja europea, con una clara intención de intimidarlos, lo que volvió a generar que el árbitro se hiciera cargo de una cuestión que los argentinos parecen no querer entender.
Minutos después, los mismos pudientes aficionados cantaron: "Que se vaya", e insulataron al árbitro luego de que éste les pidiera silencio, mientras Feliciano López se disponía a sacar envuelto en una nube de silbidos.
Los insultos, tal como reza una máxima del rugby argentino: Sólo embarran la cancha.