22-11-08 | Copa Davis

Un dramático sábado dejó a España match point

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Feliciano López y Fernando Verdasco superaron por 5-7, 7-5, 7-6 y 6-3 a la dupla argentina conformada por David Nalbandian y Agustín Calleri. Argentina debe ganar los dos single para dar vuelta la historia

Cuando hay mucho que perder, la tensión se dispara en forma de grito, de aliento, de desesperación. Así lo expresó el público argentino desde el inicio, con un protagonismo que por momentos resultó molesto. Esa sensación en la previa no era más que la resaca del día anterior, cuando la serie quedó 1-1 tras la sorpresiva caída de Juan Martín Del Potro.

Cuando hay mucho que ganar, los músculos se contraen, el sudor adquiere otra connotación y hasta el pánico se hace más fuerte que las ganas de ganar.
Así lo sufrió el equipo argentino en el que resultó el punto de quiebre del partido: el tercer set, cuando levantó un 1-5 y, con el mismo resultado, pero a su favor y en el tie break, dejó pasar el tren y España resurgió.

Así de simple parece con el resultado puesto. Un 5-7, 7-5, 7-6 (5) y 6-3 en 3 horas y 18 minutos que dejó la serie 2-1 a favor de España. Y muchas caras largas en Mar del Plata y en la Argentina toda. Dependerá ahora de lo que puedan hacer los singlistas, que serán ¿Del Potro?, ¿Acasuso?, ¿Calleri? y Nalbandian. Nada menos que ganar los dos puntos del domingo.

El partido siguió la lógica esperada. No por el resultado, que se auguraba indefectiblemente cerrado, sino por el planteo. Y el planteo fue explotar (o intentarlo) al máximo las falencias del rival. Para el equipo de Mancini eso significó imprimirle velocidad al juego para evitar las peligrosas subidas a la red de Feliciano López. O, en su defecto, aceptar el juego de red pero hacia el perfil de Fernando Verdasco.

La elección del capitán argentino no fue desacertada. Más que asegurarse un plus de velocidad en el servicio (con Acasuso), decidió jugarse a contrarrestar el demoledor saque de Feliciano y el muy bueno de Verdasco. Por eso Calleri que, a decir verdad, estuvo a la altura del partido e hizo lo que pudo con la devolución.

Los números dan su parte de realismo. Nalbandian y Calleri quebraron dos veces el servicio de Verdasco y una el de Feliciano. Como contrapartida, los españoles rompieron el saque del unquillense en tres oportunidades y otras dos el del riocuartense.

También es fácil decir que la táctica argentina fue perdiendo efectividad con el correr de la tarde. Pero sí. El primer set fue casi perfecto; el momento del golpe, oportuno. Fue en el undécimo game, antes del tie break. Fue, también, luego de oírse el primer canto contra Verdasco, que se preparaba para sacar. La parcialidad local le gritaba "tiene miedo". Y el hombre cerró su juego de servicio con una doble falta.

En el segundo, los visitantes pagaron con la misma moneda. Aprovecharon un flojísimo game de saque de Nalbandian y un par de errores feos de Calleri en la red. Cerraron por el mismo resultado. Después, lo dicho. El partido necesitaba desatarse. Salirse de esa dinámica tan lineal. Y así sucedió con un aluvión de quiebres. Los cuatro jugadores en cancha lo padecieron. Y al momento de las definiciones primó la fortaleza mental de los españoles.

El cuarto y último round fue casi calcado, aunque sin dramatismo. Sin desempate. La heroica no fue. Según como termine la historia, ese fatídico tie break podrá ser recordado como la ventaja desperdiciada de 7-6 y saque de Guillermo Vilas en la final de 1981, contra Estados Unidos. No quiere ser, por ahora. ¿Alguna vez será diferente? Tal vez mañana. Hoy la ensalada no está para postre.

Desde Mar del Plata Pedro Fermanelli, enviado especial de Infobae.com
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