Alberto Mancini y Emilio Sánchez Vicario revivirán una pulseada de los '80 y '90. El español recordó a su rival durante un diálogo con Infobae.com

Alberto Mancini tuvo un bimestre formidable, el mejor de su carrera profesional, entre abril y mayo de 1989. Se paseó por Montecarlo con una resonante paliza al número 2 del mundo, Mats Wilander, en semifinales (6-0 y 6-3), y en la final bajó al 3, Boris Becker, por 7-5, 2-6, 7-6 y 7-5. Luego, en Roma, también llegó a la última instancia, en donde se encontró con un tal Andre Agassi (5), a quien se dio el lujo de levantarle un match point para festejar tras el definitivo 6-3, 4-6, 2-6, 7-6 y 6-1.
Poco después se metió entre los ocho mejores del mundo, fue clave en la llegada del equipo argentino a las semifinales de la Copa Davis 1990 y siguió batallando, aun luego de un pronunciado bajón que, lejos de desalentarlo, lo ayudó a madurar para volver a los primeros planos. Pero nunca más volvió a ganar un torneo ATP.
Son tres los que cosechó en una carrera corta pero explosiva. Esos dos de 1989, jerarquizados por sus tradiciones y la categoría de los rivales, y otro, el primero, tan importante como aquellos. Fue un año antes, en Bologna, donde el misionero despachó en la final a Emilio Sánchez Vicario.
Desde hoy volverán a verse las caras, pero en funciones diferentes, como capitanes de Argentina y España. Antes de la gran final, Infobae.com consultó al conductor del elenco visitante sobre cómo recuerda a su contrincante: "Luli era un jugador talentoso, que lograba imprimir efectos a la bola considerables. Tenía casi tan buen revés como derecha y era muy peligroso".
Sánchez Vicario también fue top ten, precisamente número 7 del mundo. La diferencia a su favor es que logró mantenerse en la elite por mucho más tiempo. Ganó 15 títulos en single y 50 en dobles (3 de Grand Slam), especialidad en la que llegó a la cima del ránking en abril de 1989.
Hermano mayor de la también exitosa Arantxa, ex N°1 del tenis femenino, Emilio sufría aquellos duelos con Mancini. Lo refleja el historial: 3-2 a favor del argentino, sin contar otra victoria, la última, en el circuito Challenger. Corría 1996 y se acercaba el final de ambos como profesionales.
Siempre primó, por sobre todas las cosas, un respeto mutuo. "Fuera del tenis teníamos poca relación. Éramos conocidos, pero no para cenar juntos", cuenta Sánchez Vicario, cuyo nombre siempre estuvo ligado a la Davis. Es que representó a su país durante 12 años, con un récord de 32 triunfos y 23 caídas.
En 2006, diez años después de su última serie como jugador, asumió como capitán del equipo. No la tenía fácil. En un lustro (2000 y 2004), España había conseguido sus únicos títulos de Copa Davis y entonces él afrontaba el reto de preservar el respeto ganado.
La esencia, sin embargo, es la misma: "Como jugador todo es más intenso, pero diría que por la juventud. Yo creo que cada etapa tiene su magia y ahora, como no podemos jugar más, la forma de ponerse nervioso es viendo a los demás. Por lo tanto es casi por igual".
Alberto Mancini, 39 años, y Sánchez Vicario, 43, están de nuevo frente a frente. Ya jugaron sus cartas y esta vez deciden los de adentro.
Enviado especial de Infobae.com a Mar del Plata