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Viernes 27 de Noviembre
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Davis: Nalbandian venció a Ferrer y ganó el primer punto de la serie final

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Se impuso ante el español por 6-3; 6-2 y 6-3 en dos horas de partido. David inició el camino de la gloria con autoridad y la Argentina vence 1 a 0 a España

Pedro Fermanelli (Infobae.com)  

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Crédito: Télam

David Nalbandian pisó esa cancha que tanto revuelo generó en la previa con la firme decisión de establecer las reglas de juego. Con el partido en la cabeza, agresivo, aplastó a David Ferrer por 6-3, 6-2 y 6-3 y le dio al equipo argentino el primer punto de la serie final; esta serie que se presenta –y no se exagera- como la más importante en la historia de nuestro tenis.

Entró en calor y sacó el manual: mucho peso al revés, slice y pelotas bajas a la derecha, cambio de ritmo. Amagó a quebrar en el primer juego, pero su rival escapó. Se escuchó el primer "a por ellos" de la tarde, interpretado por una parcialidad visitante que, a la inversa de lo que sucedía abajo, perdió calor con el correr del partido. ¿La respuesta? "A estos p… les tenemos que ganar"…

Conscientes de lo que estaba en juego, los hinchas locales le dieron trabajo a sus gargantas. El hit de la tarde fue el clásico "vamos, vamos Argentina", claro. Y Nalbandian no necesitó de esa complicidad a la que suele apelar cuando juega con la camiseta argentina. Él mismo no dio tiempo. Todo demasiado contundente: apenas sufrió un quiebre de saque en las dos horas que duró el partido.

El primer golpe lo dio en el tercer game, con un break que lo encaminó al cierre. Un cierre que a esa altura todavía no se presumía tan fácil. Lo movió de un lado a otro. Lo castigó sobre el revés para definir sobre el drive. Subió a la red cuando fue necesario y allí remató de smash o de volea, con violencia o sutileza. Lo demolió.

Nalbandian fue en todo momento el Nalbandian de las últimas semanas. El de la solidez que le permitió defender gran parte de los puntos ganados en aquella histórica quincena de 2007, con las conquistas de Madrid y París. A eso le sumó el plus que siempre da en Copa Davis.

Y Ferrer también fue el Ferrer de estos días. El que sigue dejando en la cancha todo, aunque su todo se parece cada vez más a los restos de ese gran batallador que supo ser. "Siento que no le puedo ganar a nadie", se había confesado semanas atrás. Hoy debe pensar lo mismo.

El quiebre de Ferrer (el único que logró en el partido) en el octavo game apenas fue un susto. David, que venía sacando bien –alcanzó medias de 200km/h-, pagó con la misma moneda. Rompió el servicio de su rival gracias a costa de tiros angulados y errores no forzados del español. Suficiente: 6-3 en 42 minutos.

"Y el Rafa se c…, y el Rafa se c…". La confianza le dio paso a la ironía, pero el segundo parcial arrancó frío, a puro saque. Apenas dos puntos (uno cada uno) cedieron con su servicio en los primeros tres games. Y de repente todo eso se dio vuelta: Nalbandian remontó un 40-0 y los tres juegos siguientes fueron quiebres. La nueva tendencia lo benefició al argentino, que se encontró sacando 4-2.

Tampoco dejó pasar ese tren (6-2). Al momento del cierre apretó el puño, se deshizo de la tensión. Ya tenía motivos suficientes como para soltar el brazo y jugar cada tiro corriendo los límites. Desanimado, Ferrer hizo lo posible por mantenerse en juego, aferrándose al saque, esperando el milagro. No había intentado una subida a la red en casi todo el partido y no tenía la claridad necesaria para pretender un cambio. El cordobés se armó de paciencia y jugó con el marcador. La estocada final la dio en el sexto juego. Ahora sólo restaba confirmarlo. Con tres aces lo liquidó.

Explotó la tribuna, una vez más. Esa Ensaladera se siente más cerca. Ese sueño de Nalbandian carga ahora indicios de realidad. ¿Estás para jugar mañana?, lo consultaron. "Preguntale a Luli", respondió. Su sonrisa estaba pintada.

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