Se trata de un integrante de la banda que participó en 1996 de un sangriento motín en Sierra Chica y que fue condenado a casi 30 años de prisión

Un delincuente, integrante de la banda conocida como "Los Doce Apóstoles" y que lleva 29 años en prisión, pidió al Consejo de la Magistratura que analice su situación y le conceda al menos un arresto domiciliario.
El pedido llegó a la Mesa de Entradas del Consejo mediante un manuscrito que entregó la mujer de Carlos Ángel Gorosito Ibáñez , quien afirmó que el detenido padece problemas de salud y no recibe adecuada atención médica en el penal de Marcos Paz, en el que está alojado.
La mujer, Teresa Coronel, esposa de Gorosito Ibáñez, explicó que su esposo sufre "padecimientos físicos" y que "tiene aplastadas dos vértebras, mala irrigación sanguínea y está rengo".
El delincuente, que actualmente tiene 53 años, protagonizó en 1996 la sangrienta revuelta en la cárcel de Sierra Chica, y está privado de su libertad desde 1980.
Según dijo la mujer "buena parte de su detención transcurrió durante la vigencia del régimen del 'dos por uno', que computaba dobles los días de detención después de los dos primeros años, mientras no hubiera sentencia firme".
"Desde hace más de un año está con una sonda, por un problema renal y yo no quiero que se me muera", dijo la mujer al solicitar que se "flexibilice su régimen de detención, por ejemplo con el arresto domiciliario en virtud de su estado de salud".
El motín en Sierra Chica
Fue un motín de presos con características inéditas para esa época. El 30 de marzo de 1996 un grupo de convictos intentó la fuga del penal, y al ver frustrado el intento, tomaron rehenes, entre los que se contaban 13 guardias y dos pastores evangélicos. Más de 1.000 reclusos se plegaron al levantamiento.
Horas más tarde, la entonces jueza en lo Criminal y Correccional Nº 1 de Azul, María Mercedes Malére, ingresó al penal junto a su secretario para mediar en el conflicto, y ambos fueron capturados por los internos.
Este último acontecimiento significó lo que muchos presos definieron durante el juicio como un signo evidente del "quiebre de todos los códigos carcelarios".
Ocho presos fueron perseguidos y asesinados, sus restos luego fueron quemados en el horno de la panadería del penal y, según algunos internos, cocinados y servidos como comida a sus compañeros de prisión.
Después de ocho días, los líderes del motín establecieron un acuerdo con las autoridades y fueron trasladados a la cárcel de Caseros.
Los mismos "doce apóstoles" volvieron a levantarse en la prisión porteña el 25 de mayo de ese año. De nuevo tomaron rehenes y planearon fugarse, pero después de seis horas, efectivos del Servicio Penitenciario entraron al penal y reprimieron la revuelta.