30-09-09 | Deportes

Un duelo de amigos, un show que no defraudó

Agrandar letraAchicar letraTamaño
Votá 0 votos
Gastón Gaudio derrotó a "su hermano" Mariano Zabaleta en un partido donde no faltaron la emoción, la tensión y todos los condimentos prometidos

Un duelo de amigos, un show que no defraudó

El espíritu competitivo no se negocia, así se juegue en el club, con amigos y por la Coca, por la Copa de Roland Garros -desde ya- o en un torneo que, por sus características, no cambiará sustancialmente las vidas de dos tipos que ya le han sacado todo el brillo posible a sus carreras. Porque ni Gastón Gaudio, 30 años, 296 del mundo, ni Mariano Zabaleta (31, 356º), piensan que los puntos que puedan cosechar en un challenger los devolverán a los primeros planos del tenis, así como tampoco el dinero en juego modificará sus planes a futuro.

Son dos jugadores hechos, y al mismo tiempo son dos personas con un instinto-innato-intacto: siempre querrán ganar. Aun cuando "ganar" ya no signifique liberarse de la presión de costear sin problemas la logística, el equipo y todo lo que cualquier tenista, profesional o junior, debe resolver a lo largo de su carrera. Ellos están hechos, decíamos, a tal punto que cada uno anda también ocupado en otras actividades, tal vez restándole tiempo a sus tiempos de profesionales.

Pero no se equivoca el público cuando acude en masa a presenciar un espectáculo de estas características. Cerca de 1.200 espectadores llegaron hasta el Vilas Club para seguir en vivo un partido de la primera ronda de la Copa Petrobras. Sí: la amistad que los une, el respeto por sus trayectorias, la posibilidad de verlos de cerca -quizá- por última vez y hasta el hecho de que conduzcan juntos un programa de televisión (Tenis Pro) son aspectos que juegan un importante rol a la hora de crear expectativas.

Sin embargo, eso queda de lado, y entonces después nadie podrá sentirse estafado cuando sucede que el anunciado "show" devuelve gentilezas a costa de un show serio, no improvisado y, en cambio, sí muy bien interpretado. Entiéndase: cuando los actores se matan adentro de la cancha; una cancha que al cabo de 90 minutos habrá quedado iluminada por destellos de talento y, a su vez, regada por el sudor de quienes la corrieron.

"Gattone" y "Zabala" lucharon y se pelearon consigo mismos de acuerdo al ritmo que imponía el partido, con sus altos y sus bajos. No fue un partido brillante, por cierto. Cuando el tandilense estuvo en baja, durante todo el primer set y el comienzo del siguiente, se fastidió -"no meto una puta bola, man", "dale, Zabala y la p…"-, miró al cielo, tiró la raqueta al suelo, agachó la cabeza y la volvió a levantar, una y otra vez. Cuando recuperó el quiebre en el segundo parcial y la intranquilidad cruzó la red, se vio el habitual repertorio del campeón de Roland Garros 2004.

Si antes se había oído un sereno y sonriente "¿qué quise hacer?" después de enganchar una pelota, con el marcador más equilibrado soltó un ruidoso "aaaaaaaaaaah" (onomatopeya de difícil transcripción/sello exclusivo del "Gato"). "Andá a cagar", se reprochó luego, y no faltó la pelea con las autoridades. "Dejame de joder con el foot fault, loco", le endilgó al juez de línea que en el 5-5 le cobraba la cuarta falta de pie del partido. Y al llamado de atención del umpire respondió con un cortante "sí, sí, gracias". La raqueta, esta vez, salió ilesa.

Jugaron con las ganas de siempre y con los nervios propios de un principiante, lo cual no es en absoluto una lectura negativa. Gaudio ganó por 6-1 y 7-6(3) y recibió el afectuoso abrazo de su amigo apenas consumada la victoria, la menos feliz de todas, según dijo a Infobae.com minutos después. Son las reglas del juego, siempre: valen cuando están en disputa la gloria y el oro; valen cuando se expone la corona del orgullo en el club del barrio.
 
Posteá tu comentario