Ayer por la tarde concluyó la colecta de "Un techo para mi país", que tiene el objetivo de levantar 186 casas en 11 asentamientos del país. En esta ocasión serán entre el 31 de octubre y 1º de noviembre en lugares como La Matanza, La Plata y, por primera vez, en Neuquén

La primera reacción de los niños es jugar sobre los pisos de madera
Un techo para mi país es una organización integrada por jóvenes de Latinoamérica que tienen como objetivo "acabar con la más extrema pobreza" y para ello actúan: construyen casas de emergencia para familias carenciadas, junto con la construcción de valores comunitarios y autovaloración en cada una de las personas que no solo cambian suelo de tierra por piso de madera sino cambian por dentro y dejan encender la llama de solidaridad para los otros que también necesitan.
"La colecta apunta a la recaudación de fondos en este caso serán destinadas a la construcción de 186 viviendas", contó a Infobae.com Agustín Algorta, director social de UTPMP, y detalló que "veinte se harán en la capital de Córdoba; treinta en Río Cuarto y Neuquén recibirá las primeras 6 viviendas". La ayuda también llegará al populoso partido de La Matanza y a La Plata donde construirán 130 viviendas.
"Las casas se construyen sobre los terrenos marginales donde las condiciones son muy precarias y graves", detalló Algorta y explicó que la tarea consta de tres instancias, siendo la primera en la que "se apunta a una construcción de viviendas de emergencia ante las posibles catástrofes, que por lo precario, las familias pueden padecer ya que pese a ser de maderas son mucho mejores que las que habitan", manifestó el miembro de UTPMP.
La modalidad de trabajo es en conjunto, los voluntarios empiezan a armar la casa sobre la tierra que previamente sus futuros habitantes comenzaron a trabajar: "Se les dicen que el proyecto es de ellos pero que se realizan en conjunto con los voluntarios para que entre todos trabajen por un proyecto en común", el cavado de la tierra y el poner aceite quemado a las maderas, para que esta sea mas fuerte, les corresponde a ellos.
Un techo para mi país decide mediante un sondeo a qué familias de cada barrio prestará ayuda en la construcción del nuevo espacio para vivir "Se tiene en cuenta quienes están en situación de mayor urgencia, porque lamentablemente se tiene que priorizar a las familias que viven en las peores condiciones".
Una vez construida la casa se pasa a la segunda etapa: la habilitación social donde se realizan trabajos permanentes en los asentamientos y que se enfocan principalmente en la formación en oficios básicos, educación, microcréditos, salud, asesoramiento jurídico y trabajo comunitario.
Luego ya están, tanto los vecinos y los voluntarios, focalizados en el proyecto a largo de comunidad sustentable. En esta última fase y consiste en lograr que en el asentamiento se genere un sentimiento de "comunidad", con vecinos unidos, concientes de sus derechos y obligaciones como ciudadanos.
Construir casas, el cambio es para todos
Para las familias que viven en asentamientos en condiciones de extrema pobreza el cambio es "increíble" porque "son realmente marginados y excluídos", explica Algorta y emotivo continúa "les cuesta creer porque ya fueron defraudados entonces resulta dificil pensar que se trabaje juntos por lo mismo y que en un fin de semana se pueda construir una vivienda. Es un cambio increíble pasar de un piso de barro a uno de madera. Sienten que importan y que hay gente amiga que solo quiere ayudar", enfatiza.
El cambio no es sólo para los nuevos propietarios, también lo fue para los más de seis mil voluntarios que pasaron por UTPMP con el objetivo, o no, de que cada familia tenga al igual que ellos un techo mejor bajo el que dormir y un suelo firme en el que poder pisar. Ellos mismos reconocen que la escala de valores pasó a mutar luego de la experiencia de hacer casas donde antes había solo un montón de chapas. "Queremos mejorar la calidad de vida de las familias que viven en situación de pobreza", concluye Algorta.
Más de seis mil voluntarios y artistas
Desde su creación Un techo para mi país contó con la participación de más de 6.000 voluntarios que colaboraron en cada una de las actividades que se suman a los más de 100 que diariamente dedican sus vidas a ayudar a las familias en las reuniones en los ya nuevos barrios y en cumplimiento de las segunda y tercera instancia del programa de construcción.
A esta gran cantidad de corazones se sumó Artecho donde artistas de la talla de Marta Minujín y Clorindo Testa pusieron sus dones en unas pequeñas réplicas de las casas de madera que el próximo 13 de octubre serán subastadas en el Malba para continuar con la recaudación de fondos destinados a la construcción de la casa número mil.