Se quedarían sin entrenador en la misma semana, no pelean por la punta del campeonato y quedaron afuera de la Sudamericana. Panorama de un mal momento y de un futuro peor

Si Boca y River comparten su historia de grandeza y la dirimen cada fin de semana, ahora coinciden en una caída que hace demasiado ruido: no tienen nada por qué pelear.
La pobreza demostrada en las canchas en las que jugaron durante el presente Apertura y la Sudamericana evidencia un mal momento inocultable.
Claro que entre los dos, el peor de los casos es el de River, que no juega nada, no tiene plantel para aspirar a algo y su entrenador es más que cuestionado por los hinchas. Boca lleva una ventaja en líneas generales: Basile todavía tiene respaldo de la gente y la recuperación futbolística es posible debido a que tiene equipo.
Sin embargo, a Boca no lo acompañan los números por capricho más que por incapacidad, mientras que al "millonario" no se le dan las cosas porque en el fútbol hay que tener un buen equipo para ganar y, sin dar demasiadas vueltas, no lo tiene.
La paciencia de Basile se terminó, pero parece ser más una pelea contra él mismo que versus sus dirigidos.
En el fondo Basile sabe que tiene para seguir peleando pero internamente le embronca que las cosas no se den.
Los errores defensivos que se registraron en sus últimas presentaciones no se corrigen y en líneas generales Boca no es Boca.
Sobre siete partidos disputados, perdió tres, igualó otros tantos y sólo ganó uno. Quedar afuera de la Sudamericana y estar lejos de la Libertadores (11 puntos ahora) es un duro golpe para un equipo que se acostumbró a los títulos internacionales.
Lo de River, en cambio, es distinto: la caída se veía venir. River estaba caído antes de caerse. Los reclamos de Gorosito respecto de la llegada de jugadores no eran en vano y ahora, sin un equipo competitivo, quedó parado como el responsable. Mal parado, podría decirse.
Si hubiese tomado una decisión drástica en el momento justo, "Pipo" hoy no estaría pagando los platos rotos.
Basile, en cambio, cortó por lo sano y prefiere no estirar para evitar llegar a las puertas de la sala de terapia intensiva. Se va y punto. Gorosito, por el contrario, estira la agonía, se gana la bronca de la gente cuando, dando un paso al costado, aliviaría las tensiones que parecen tan moneda corriente en los últimos tiempos riverplatenses.