En el último año y medio, 23 empleados de la compañía se han quitado la vida. El gobierno francés obligó a la empresa a crear un consejo para frenar la escalada

El viernes pasado, en París, tras escuchar que iba a cambiar de jefe de equipo y de cometido, una empleada de la telefónica francesa se lanzó desde un cuarto piso y sus compañeros contemplaron estupefactos la agonía de su colega que murió horas después en el hospital.
En el último año y medio, 23 trabajadores de France Telecom se han suicidado. Ese número no tiene en cuenta los intentos fracasados y
su media supera cinco veces la tasa de suicidios de la población, según cálculos del diario Libération.
Desde hace meses, los sindicatos denuncian los estresantes métodos de trabajo y de organización, los constantes cambios de ubicación, de tarea y de residencia de los trabajadores y la presión directa (en base de constantes correos electrónicos) para estimular la prejubilación.
La alarma social se ha disparado y psicoanalistas especializados en enfermedades laborales predicen nuevos suicidios; por eso, el gobierno de Nicolas Sarkozy tomó cartas en el asunto: la ministra de Economía, Christine Lagarde, intimó a la empresa, privatizada en 1997 pero que mantiene un 26% de capital público, a que celebre un Consejo de Administración dedicado al asunto.
De hecho, el ministro de Trabajo, Xavier Darcos, se reunirá hoy con el presidente de la compañía, Didier Lombard, para arbitrar medidas encaminadas a rebajar la marea de suicidios.
"De un día al otro, se les anuncia a los trabajadores que deben mudarse a un puesto que está a 50 o 100 kilómetros del anterior", explicaba ayer el delegado sindical Pierre Morville, según reporta el diario El País de Madrid.
La semana pasada, los trabajadores se manifestaron en varias ciudades francesas para protestar por los métodos de la empresa, que cuenta con 100 mil empleados en Francia y como consecuencia desde el jueves se suprimió, de forma temporal, los traslados fulminantes y se contrataron a 100 directores de recursos humanos y varios médicos con la misión de vigilar a los empleados más frágiles.