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06-07-09 | Mundo

The Washington Post pidió perdón por las polémicas cenas de editores con ejecutivos

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La dueña y CEO del periódico es una de las principales acusadas. Sin embargo, ayer se disculpó con sus lectores y afirmó que no estaba al tanto de la operación, pese a que dos mails fueron enviados desde su casilla

The Washington Post pidió perdón por las polémicas cenas de editores con ejecutivos

"Íntimo y exclusivo Washington Post Salón. Una cena off the record en la casa de la CEO y editora Katharine Weymouth. Interactúe con funcionarios clave. Un ambiente animado, no confrontativo. Una oportunidad única", decía la tarjeta de invitación a la cena, que tenía un costo de 25 mil dólares.

Los detalles denunciados por Los Angeles Times no hacen más que oscurecer. La convocatoria ya había sido enviada a dos legisladores, uno demócrata y otro republicano, vía mail desde el correo electrónico de la mismísima CEO del diario, Katharine Weymouth.

El folleto incluiría conversaciones "off-the-record" (extraoficiales y sin grabadora) con periodistas del diario, así como con personas influyentes en Washington. Sin embargo, a causa del escándalo desatado, el plan tuvo que darse de baja y el medio tuvo que salir a dar explicaciones.

"Deseo pedir disculpas por esa nueva operación, que se descarriló y por cualquier causa que pudiéramos haber dado que planteara dudas sobre nuestra independencia y nuestra integridad", dijo la dueña del periódico, Katharine Weymouth, en una carta que apareció el domingo en The Washington Post.

Weymouth dijo que ni ella ni los directores del diario aprobaron el volante y que tampoco describía el plan con precisión.

En la reunión habría un total de 20 invitados, entre ellos funcionarios del gobierno del presidente Barack Obama, miembros del Congreso, líderes empresariales y legisladores.

De acuerdo con el volante, cada uno de los 11 "salones" de discusión tendría uno o dos patrocinadores que pagarían 25.000 dólares para financiar el evento e invitar a personas.

Weymouth aseguró en su carta que el periódico, si bien estaba organizando las cenas, también incluía "firmes parámetros" que no darían a los patrocinadores control sobre contenido o acceso especial a sus periodistas.

Críticos dijeron que la promesa del periódico de darles acceso a personas con influencia en Washington contradecía la misión de imparcialidad que tiene el periódico ante sus lectores.

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