Según diversos estudios, la mayoría son crónicas y se producen por uso excesivo sin observar períodos de reposo

Un músico virtuoso es capaz de tocar entre 20 y 30 notas, y de realizar 72 movimientos con ambas manos... por segundo. Pero el despliegue de destreza anatómica que hace posible esas ejecuciones que dejan sin aliento no es gratuito.
Ante ello, se calcula que más del 70% de los músicos presentan lesiones en algún momento de su vida, de acuerdo con el instrumento que se ejecute, sea éste de cuerdas, de vientos o de percusión. Pueden ser simétricas, como las que aparecen en quienes tocan el piano, la batería y las tumbadoras, o asimétricas, como en el caso de los violinistas.
Un estudio realizado en 450 músicos de escuelas porteñas que consultaron por lesiones indicó que el 53% eran de músculos, tendones y articulaciones, el 22% eran por trauma y el 17%, por distonía. El 50% de los pacientes estudiados tocaban la guitarra; el 29%, el piano, y el 10%, el violín.
Si bien la mano es la punta del iceberg, los problemas funcionales que pueden aparecer en el músico generalmente involucran todo el miembro o grupo muscular. Algunos surgen por falta de adecuación entre instrumento y ejecutante.
Para los especialistas de la Asociación Argentina de Cirugía de la Mano todo músico debería alternar períodos de entrenamiento de 45 minutos, como máximo, con reposo de por lo menos 15 minutos. También es importante realizar ejercicios de elongación.
A diferencia del enfoque habitual de la traumatología, los cirujanos de la mano tratan de que la rehabilitación se cumpla sin dejar de tocar, excepto que la patología sea muy importante.
Las dolencias más comunes son los llamados síndromes por sobreuso. Entre ellos se encuentra el del túnel carpiano, que afecta el nervio mediano, que es el que da la sensibilidad al pulgar y al índice, y que, si avanza, afecta el movimiento del primero. La más temida es la distonía. Ocurre cuando los dedos dejan de responder. Al principio sienten que un dedo no obedece, se fuerzan más, hasta que llega un momento en que se encoge, los otros se levantan y no pueden seguir ejecutando el instrumento. Surge en músicos virtuosos que tocan desde hace muchos años, lo que le pasó a Schumann según informa el diario La Nación.
Cosas como éstas ocurren porque se trabaja sin ningún control sobre el resto del organismo.