07-12-08 | Espectáculos

El show de Madonna por dentro

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Con fans que hicieron hasta 7 días de cola, la reina del pop volvió a hacer rugir al Monumental. Hubo gente de toda Sudamérica y una puesta en escena única. Infobae.com te cuenta cómo se vive Hard Candy Tour

El show de Madonna por dentro

Cuando Madonna salió al escenario, los 60 mil fans provenientes de toda Sudamérica se olvidaron rápidamente de la suspensión y la bronca del miércoles. Ya está. La reina del pop estaba en carne y hueso, aunque muchos no se lo creían y el show comenzaba.
 
Eso: show. Fue algo más que un recital o un espectáculo. O todo junto.

En los primeros lugares del campo VIP hubo celebridades de todo tipo. Modelos, actores, artistas que querían seguir de cerca a Madonna, así como sus más de cien bailarines, sus múltiples pantallas móviles y escenarios cambiantes (casi uno por cada tema, lo mismo la vestimenta). Un lugar exclusivo para una puesta en escena jamás vista en el país. Y no podía ser de otra manera: los mejores lugares del estadio costaban más de 200 dólares.

A pocos metros, los más fanáticos se agolparon contra la barra del campo trasero. Madonna dio para todo, como el grupo de quince porteños que durmió en carpa en plena avenida Libertador, en grupos de relevo, durante una semana con tal de tener la mejor vista de esas localidades. El club de fans no se quedó atrás y desde el lunes hace guardia en la esquina de Udaondo, bajo los árboles, como en un camping. "Estuvimos años y años esperándola, merecía esta vigilia y más", decía Federico, de Lomas del Mirador.

Así fue como, 15 años después, la artista más convocante del planeta abrió su segunda velada en River. Con el tema Candy shop comenzó una catarata de canciones de sus últimos discos reversionadas, con mucho hip hop, rap y unas pantallas que hipnotizaron a más de uno.
 
Durante 40 minutos, Louise Veronica Ciccone -su nombre real- mostró su incombustible estado físico non stop. Fue el comentario de la mayoría. A los 50 años, su energía contagió hasta los que estaban en la popular de la Avenida Lugones, incluso a más de cien metros del colosal escenario.

"¿En serio, es ella? No, no puede ser tan linda", le dice Julieta a Valeria, justo debajo de la torre de luces. Las dos gateaban cuando Madonna había estado en la misma cancha en octubre de 1993. Al parecer, el tiempo pasó para todos, menos para Madonna.

El show made in USA pasó por peleas de boxeo, tuvo un Rolls Royce a sus pies, recordó las mejores postales de Madonna en los últimos 30 años -sí, 30 años, como si nada-, enseño cantantes virtuales que acompañaron las letras de la cantante, como Justin Timberlake. Y hasta hubo un lapso para la conciencia sobre los males que azotan al mundo (Get stupid, con un Barack Obama como mesías). En ese momento, ya era difuso quién era virtual y quién no. Si hasta hubo pasajes en que la reina del pop salía sólo en la pantalla, mientras ella, seguramente, se cambiaba la ropa a cien kilómetros por hora.

Un momento muy esperado fue el de Don't cry for me Argentina, la misma que cantó en su segunda visita al país en el film de Evita. La piel de galllina se nultiplicó como los celulares en alto, con la imagen que cada uno se llevó a casa.

Al calor de las masas
En la segunda parte, Madonna concentró la atención porque fue ella quien ocupó todo el escenario. Comenzaron a bajar los clásicos, siempre con algún cambio –otra marca registrada del show- como La isla bonita, Expres yourself, Like a prayer, Ray of Light y Hang up. Entonces, el show sí que dio paso al recital, más clásico, con las masas saltando y gritando. Hasta las madres mayores de 50 pegaban un salto y se rendían al baile de Madonna, tan magnético como su indescifrable mirada.

Para el final, Give it to me hizo rugir el estadio, ya en estado de éxtasis. El show pasó demasiado rápido y eso fue una clara muestra que el público disfrutó y mucho. Hubo ganas de bises, pero no llegaron. 
 
Hoy y mañana la reina del pop volverá a presentarse. Tras dos River completos y casi cinco horas de baile, canto y guitarra, la ídola, la diosa, mostrará otra vez su repertorio.
 
"Espero que no tengamos que esperar otros 15 años para volver a verla", dice Esteban, transpirado de pies a cabeza. Jorge, totalmente afónico, aseguró a sus 48 años que jamás "ví una mujer que besara a otra arriba del escenario, hiciera gestos tan sexuales y se dejara tocar la cola siendo tan tan famosa". Después de lo visto, ya nadie duda que cuando cumpla 65, la reina del pop podrá volver a hacerlo.
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