Hace 45 años quedaba inmortalizado, en la lista de los ídolos nacionales, el boxeador José María Gatica, "el Mono". Un personaje mítico, de esos que quedan en la historia, en el imaginario de la gente, por idiosincrasia, por atorrante...

Nació un 25 de mayo de 1925, en San Luis, pero a los siete años llegó a Buenos Aires en un tren de carga, con su madre y un hermano mayor. La opulencia de la "ciudad grande" lo llevó al desconcierto; sin embargo, "el Mono", dinámico y dúctil, rápidamente se fue amoldando. Y esa historia de adaptación comienza desde un origen muy humilde: lustra zapatos, en la estación Constitución.
A partir de allí, enfrentarse a la escuela de la calle. Su formación fue a los golpes. En la estación ya lo tenían marcado. Con el "Mono" no se jodía, porque era chiquito pero golpeador. Había que tener cuidado con decirle "cabecita negra", como llamaban despectivamente a los que venían del interior del país por un futuro mejor. Gatica respondía a las agresiones, instintivamente, con puños cerrados.
Un peluquero de la zona, lo vio combatir en la calle y no lo dudo. Lo agarró del hombro y le dijo: Pibe, venga conmigo. Usted está para otra cosa. Lo llevó de la calle al ring sin escalas.
Debutó en el pugilismo un 7 de diciembre de 1945. Fue semifondista, aquella noche en que ni los desprevenidos fallaron. Nacía un ídolo nacional. Su presentación no dejó lugar a las dudas, fue KO en la primera vuelta frente a Leopoldo Mayorano.
En poco tiempo ganaba dos peleas más y los empresarios pusieron sus ojos en él. Al año siguiente ganó las siete peleas que hizo, una de ellas con Alfredo Prada, quien sería su más rival encarnizado, escribió Osvaldo Soriano sobre "el Mono" en su cuento Un odio que no conviene olvidar.
Su rivalidad con Prada generó ribetes impensados en la sociedad. La gente se dividía entre los dos. Como dos barras de equipos de fútbol. Combatieron seis veces y ganó tres cada uno. La última pelea, en 1953, significó la derrota de Gatica y el comienzo de su patética decadencia. Prada fue campeón argentino, algo que "el Mono" no pudo conseguir jamás.
Peronista de Perón
Sin saber bien por qué, "el Mono" se encolumnó detrás de la figura del General desde un comienzo. Esa famosa escena de Leonardo Favio, en Gatica el Mono, yendo a visitar a una moribunda Eva Duarte, lo dice todo.
Tuvo oportunidad de pelear en los Estados Unidos, la Meca del boxeo, pero las desaprovechó alentado por su adicción al alcohol y a las fiestas. Así, se fue perdiendo su carrera y su vida. Terminó en la pobreza absoluta, viviendo en una villa miseria junto a su segunda esposa y sus dos hijas.
El final lo encontró vendiendo muñequitos en la cancha de Independiente. Un día un colectivo se llevó lo que quedaba del "Mono". Lo atropelló y decretó su muerte. Ese accidente dejó una huella 45 años atrás y la mente nos engaña porque el recuerdo está tan vivo y el calendario nos muestra que fue hace tanto... Una historia repetida, entre nuestros ídolos deportivos, la del Mono... Su muerte no es lo que prevalece en la retina de los que lo observaron y lo recuerdan, sino un talento que brillo con luz muy propia.