05-10-08 | Economía

El cambio de paradigma

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La intevención estatal en la economía, tan denostada por el neoliberalismo y la globalización financiera, se impuso de hecho. A la trabajosa votación en el Capitolio, siguió la decisión de la UE. La crisis financiera y una remake del New Deal

El cambio de paradigma

La crisis financiera mundial, con génesis en los Estados Unidos y efecto en las economías más fuertes de Europa y América, no sólo arrastró bancos de inversión e hizo caer las acciones empresarias a valores históricamente mezquinos, sino que, según los especialistas, resultó en el fin de un paradigma en el que el mercado "todo lo podía".

Tras el colapso de los bancos, que arriesgaron su dinero sin tener demasiado control sobre sus transacciones perdiendo cualquier posibilidad de mantener la liquidez, los gobiernos tuvieron que inyectar cientos de miles de millones de dólares -y deberán continuar haciéndolo- para que esa crisis impacte lo menos posible en la economía real y, así, evitar estragos.

El salvataje bancario anunciado por los líderes del llamado G4, integrado por Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, quienes acordaron en París apoyar a las entidades que operan en esos países y no lograron escapar a la crisis, se sumó ayer al rescate financiero aprobado por el Parlamento norteamericano.

De esa manera, el Mercado de competencia pura, libre y "perfecta", en el que se asumía que existían tantos vendedores como compradores de un mismo valor y las reglas eran exclusivamente fijadas por sus mismas fuerzas demandó, por una "falla en los cálculos", que los Estados deban salir a inyectar oxígeno, terminando con una forma de pensar la economía.

Así, mientras los ojos del mundo estuvieron puestos en las agujas de las Bolsas de valores, el intervencionismo estatal volvió a ser renombrado, una y otra vez, en los últimos días y la memoria de los historiadores trajo al presente las sensaciones de los años '30.

Con su intervención, los Estados buscan calmar las aguas quitando a las instituciones más comprometidas de la tormenta para que las economías reales -productoras de bienes y servicios para la sociedad-, entre amenazas de recesión, reciban el menor impacto posible y el freno a la crisis global resulte eficaz.
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