Un ecologista se propuso no tirar sus deshechos para reducir su propio impacto medioambiental. Supo cómo arreglarse y sacar provecho de la situación

Dave Chameides es un ecologista que vive en la ciudad de Los Angeles y en lugar de proponerse dejar de fumar o hacer deporte en Año Nuevo, decidió pasar nueve meses acumulando su basura en el sótano en vez de sacarla al tacho al fin de cada día.
Pensó que, si todos fuéramos responsables de nuestra basura, si no pudiéramos hacerla desaparecer, tendríamos que enfrentarnos a algunas verdades incómodas sobre nuestro estilo de vida.
Con el apoyo de su mujer y de sus dos hijas comenzó con su proyecto y las soluciones las encontró a medida que surgieron los problemas.
Entre otras cosas, separa el papel de los envases y guarda los cartones aparte. Las bolsas de plástico las acumula en otra parte y trata de reutilizarlas al máximo.
Acerca del olor en el sótano señala que no apesta y que lo único que puede dar mal olor son los residuos orgánicos aunque para eso descubrió la lombricultura, o la fabricación de abono mediante lombrices.
Destaca que instaló una pequeña granja de gusanos en el sótano a la que arroja los desechos orgánicos de su basura. Éstos se comen las bacterias resultantes de la descomposición y, lentamente, sus excrementos las van convirtiendo en uno de los más preciados abonos naturales que existen: el humus de lombriz.
Para ser perfecto su proyecto, el ecologista trae de vuelta a su casa los desperdicios que produce cuando sale de viaje según informa el diario español El País en su versión on line.
Luego de ocho meses en el sótano sólo lleva acumulados cerca de 13 kilos de basura cuando el norteamericano medio tendría 176 kilos. Además el ecologista reconoce que cambió sus hábitos de consumo, tratando de racionalizarnos.