19-09-08 | Economía

La semana que cambió las reglas de juego financieras

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Horas de histeria que quedarán en la historia. Fueron necesarias medidas sin precedentes de las superpotencias para enfrentar una crisis que amenaza con golpear fuerte a todo el planeta. Qué fue lo que pasó, día por día

La semana que cambió las reglas de juego financieras

En una visión cortoplacista podrá decirse que la caída de la banca de inversión Lehman Brothers disparó la peor crisis bursátil desde la semana negra de 1929.
 
Sin embargo, un análisis más profundo permitirá rápidamente advertir que la debacle había sido claramente anticipada por muchos economistas, entre ellos el argentino Ricardo Arriazu, con más de dos años de anticipación, cuando advertía que "no era sostenible el boom del desahorro del pueblo americano, apoyado en inusuales bajas de las tasas de interés e incentivo del crédito hipotecario a tasas variables, con bajas cuotas iniciales, pero impagables en una proyección de futuro".

Ya en octubre de 2007 surgieron las primeras señales de alerta de que las tasas de interés comenzarían a subir, para atenuar el fenómeno.

A partir de ahí, el "castillo de naipes" de los créditos blandos, a bajas tasas de interés variables, empezaba a derrumbarse, aunque las preocupaciones de los bancos centrales por evitar una recesión profunda, posibilitaron demorar la debacle exactamente un año.

El papel de los más débiles
En ese escenario, la cadena de derivados financieros, formados por los préstamos hipotecarios garantizados con bienes inmuebles, que se fueron multiplicando en forma inexplicable y sin restricciones por las respectivas autoridades monetarias y de economía del mundo avanzado, para distribuir el riesgo entre varias instituciones, empezó a romperse, al surgir los primeros indicios de incobrabilidad que dieron lugar al comienzo de una desaceleración de la actividad economía en los EEUU y Europa.

Pero sobre todo a la fragilidad de las regulaciones de las autoridades monetarias y bursátiles de los países más desarrollados que posibilitaron que grandes bancos de inversión en títulos valores emergieran a los primeros puestos del ránking mundial, por valor de sus acciones, no tanto por el de sus activos físicos.

Ese cuadro no se observa en la mayoría de los países emergentes o recientemente desarrollados de América Latina y Europa, porque sus reiteradas y gravísimas crisis del pasado derivaron en la construcción de mallas de contención, que a la postre, terminaron de demostrar cómo las normas prudenciales recomendadas desde el Banco de Pagos Internacionales y el Fondo Monetario Internacional, resultaron acertadas.

La mala noticia es que esas exigencias no fueron previamente seguidas por los líderes del mundo desarrollado y terminaron con castigar duramente a aquellas economías en ls últimas semanas.

De ahí que a partir de ahora, cabe esperar una vuelta a la ortodoxia, en la que la banca comercial, transaccional, recupere el liderazgo y la de inversión, sobre todo en instrumentos financieros no directamente ligados con la actividad productiva, se conviertan en naturales apéndices de sus actividades.

Los datos de tremenda y generalizada desvalorización de la capitalización bursátil entre el 9 de octubre de 2007 y el 12 de septiembre de 2008, dieron debida cuenta de ese efecto, según un estudio de Wilshire Associates: u$s148 billones AIG, u$s 87 billones el Bank Of America, u$s67 billones Wachovia, u$s64 billones Fannie Mae, u$s41 billones Freddie Mac 41 B, u$s39 billones el Citi Group, u$s39 billones Merrill Lynch, u$s36 billones Goldman Sachs, u$s32 billones Lehman Brothers, u$s32 billones Morgan Stanley, u$s29 billones American Express y u$s28 billones Washington Mutual, por mencionar sólo unos casos de los papeles cotizantes en Wall Street.

A partir de ahí, se advierte que en forma generalizada se desacelera el ritmo de crecimiento de la economía, bajan los precios de los principales productos de exportación de estos países y consecuentemente la actividad real termina siendo afectada por la crisis financiera internacional, porque lleva inexorablemente encareciendo el costo del dinero y restringiéndose el crédito.

Reacción tardía
Frente a ese cuadro, en el que los supuestamente bancos y aseguradoras más sólidas del planeta comenzaron a tambalear y generar temores ciertos de una derivación en una depresión económica singularmente mayor que la de los años 30, pese a que en los papeles se trataba de problemas de caja, las principales autoridades monetarias de los EEUU, Canadá, Europa y Japón, decidieron intervenir, para evitar males mayores.

Lo hicieron inyectando dólares y euros en el mercado, contra garantías de acciones de los bancos en dificultades, en proporciones aparentemente multimillonarias a los ojos de la Argentina, porque en conjunto la asistencia de la presente semana llegó a representar casi tres veces el valor del PBI de nuestro país, pero resultaba insignificante respecto de la magnitud del problema, que algunos economistas estiman en más de u$s6 billones (casi 27 veces el PBI de la Argentina).

Pero, esa estrategia, pese a estar coordinada, no resultaba insuficiente, como tampoco lo fue el salvataje de la aseguradora AIG, con un aporte de u$s85.000 M y se llega así a un jueves que se perfilaba como el peor en la historia de los mercados bursátiles internacionales.

Recién en esa instancia aparece la iniciativa del ministro de Economía de los EEUU, Henry Paulson de rescatar la totalidad de la masa de créditos incobrables de los bancos, tanto comerciales como de inversión, con el respaldo del Congreso, el presidente de la Reserva Federal, y seguramente en coordinación con los ministros y presidentes de bancos centrales de Europa, Japón y China.

Pero el daño sobre la confianza de los inversores y también consumidores costará mucho tiempo en repararlo. Por eso, probablemente se disipen los lunes, o miércoles negros que se vieron esta semana.
 
Sin embargo, en la próxima reunión de la Asamblea del Fondo Monetario Internacional, los líderes del mundo seguramente destinarán la mayor parte de su tiempo a analizar cuáles deberán ser los nuevos paradigmas de las finanzas internacionales, no sólo del sector público sino también del privado, para evitar que el mundo capitalista vuelva a sufrir un cuadro de zozobra como el que muchos se negaron a ver hasta pocas horas atrás.


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