La organización de derechos humanos anunció la restitución de la identidad de dos hijos de dos parejas desaparecidas durante la última dictadura militar en Argentina. Ya suman 95 los nietos recuperados

Según informó la organización Abuelas de Plaza de Mayo, dirigida por Estela de Carlotto, se confirmó la identidad de la hija de Myriam Ovando y Raúl René De Sanctis y del hijo de Liliana Pereyra y Eduardo Cagnola.
Sin embargo, recién este miércoles, en Virrey Cevallos 592, se informará sobre los nombres de los jóvenes cuya identidad fue restituida, mientras que "estarán presentes familiares de los dos jóvenes".
Abuelas de Plaza de Mayo realizó el anuncio en la noche del martes, lo que implica que se han recuperado 95 nietos, tras la desaparición de sus padres durante la última dictadura militar en la Argentina.
La apropiación de esos menores forma parte de los casos que se le achacaron a los principales represores de la última dictadura, para pedir su enjuiciamiento por lo que se consideró un plan sistemático del robo de bebés.
El primer caso
Liliana Pereyra, de 21 años y, Eduardo Alberto Cagnola, de 23, estudiaban Derecho en La Plata y militaban en Montoneros cuando fueron secuestrados el 5 de octubre de 1977, en Mar del Plata.
La joven tenía cinco meses de embarazo y, luego de pasar por la Base Naval de Buzos Tácticos de la ciudad balnearia, fue llevada a la ESMA, donde en febrero del 78 nació su bebé, un varón al que llamaron Federico.
Según la causa, el médico Jorge Luis Magnaco asistió el parto, que se habría producido entre el 16 al 26 de febrero. El niño estuvo con su madre entre una semana y diez días aproximadamente.
Liliana fue retirada de la ESMA por miembros de la Base de Buzos Tácticos mientras el pequeño quedó en ese predio, y al día siguiente el niño desapareció en manos del prefecto naval Héctor Febres, quien apareció muerto el 10 de diciembre último en su celda, cuando estaba esperando sentencia en un juicio por estos crímenes.
El cadáver de la madre fue encontrado en el cementerio de Mar del Plata en 1985, pero su muerte databa del 15 de julio de 1978. Sobre Cagnola, oriundo de la ciudad de Chacabuco y padre del bebé, nunca se tuvieron noticias y permanece desaparecido.
Se desconoce aún si el joven que ahora fue recuperado es un joven apropiado por un penitenciario sobre el que las Abuelas de Plaza habían insistido ante la Justicia para que se hiciera las pruebas de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos.
Ese muchacho sobre el que las Abuelas pusieron la mirada y sospecharon que podría ser hijo de Pereyra y Cagnola se llama Ignacio Mancuso, quien se había hecho el análisis a través del Cuerpo Médico Forense y la prueba había determinado que era hijo de la pareja que lo crió, integrada por Carlos Angel Mancuso, ex agente del Servicio Penitenciario, y Dora Jiménez, quienes lo inscribieron como propio el 21 de marzo de 1978.
Sin embargo, en julio último la Cámara Federal ordenó en febrero la nulidad del test y el juez Norberto Oyarbide dispuso que las mismas muestras de sangre fueran comparadas con los rastros genéticos del Banco Nacional de Datos, cuyos resultados se desconocen al menos públicamente.
El segundo caso
El otro caso de primogénito de desaparecidos que ahora logró reencontrarse es el de la hija de la pareja integrada por Raúl René De Sanctis y Myriam Ovando.
Myriam, embarazada de seis meses, y su pareja fueron secuestrados en la localidad bonaerense de Virreyes por fuerzas militares el 1 de abril de 1977. La mujer fue vista en la ESMA por sobrevivientes de ese centro clandestino de detención, mientras que Raúl fue visto en la comisaría 5ta. de La Plata por ex detenidos-desaparecidos.
A ella la llevaron a la ESMA -donde la conocían con el sobrenombre de Tita- en mayo de 1977, donde dio a luz a principios de julio, y regresó a la sede de Coordinación Federal de la Policía Federal y no volvió a ser vista.
Según el testimonio de los padres de Myriam dado a la Conadep, se desprende que la joven hizo llegar una carta a sus padres mientras estaba detenida y decía que había dado a luz a una nena a la que bautizó Laura Catalina. Y según sus palabras -tal como surge del testimonio-, parecía estar muy segura de que la beba había sido entregada a sus abuelos por los militares, aunque éstos nunca supieron nada de ella.