El fenómeno sojero determinó que el país se encamine a una inquietante situación de soja-dependencia del comercio exterior. Cambió drásticamente la estructura de producción de la economía agrícola pampeana

Esa fue la base a partir de la cual el Gobierno consideró esencial aplicar políticas activas para inducir a un mejor equilibrio en el sector de la producción agrícola extensiva.
Así, observó que mientras en la campaña agrícola 1996/97 en la Argentina sobre una estructura de producción agrícola extensiva basada en tres cultivos: trigo, maíz y soja, el 70% del volumen cosechado correspondió a los dos primeros y sólo el 30% al último, diez años después, esa relación se equiparó en 50 y 50 por ciento.
Factores determinantes del cambio
Los números indican que en la última década, a partir de la suba del precio internacional, los mayores rindes por hectárea y el consecuente menor costo relativo de explotación, la siembra de soja se expandió en 142%, en detrimento del trigo que cedió el 24% de la superficie y en menor medida el maíz que perdió 14 por ciento.
Pero no sólo eso, detectó que el fenómeno, que derivó en una fuerte inversión en tecnología agropecuaria, para asegurar tanto la sanidad de los cultivos, como para potenciar el rendimiento productivo por hectárea, provocó también un desplazamiento hacia áreas marginales del resto de los cultivos, no sólo del trigo y maíz, sino también del sorgo, el algodón, y más aún de la ganadería vacuna, determinando un notable cambio en el reparto de la tierra.
Así, según los datos de la Secretaría Agricultura se estima que en la presente campaña, sobre una producción esperada entre 45 y 47 millones de toneladas, el 78% estará concentrada en el 22% de los productores, o dicho en forma inversa el 78% de los productores apenas contribuye con el 22% de la recolección.
Esta estructura desigual, y frente al reconocimiento de los reclamos de los pequeños productores, el Gobierno nacional diseñó una batería de medidas que persigue el propósito de compensar a los productores más chicos, con una producción menor a 500 toneladas, (unos 61.300 productores), el 100% del aumento de las retenciones que se instrumentó para el complejo sojero a partir del 12 de marzo último.
Efectos en perspectiva
Con esta política se persigue el propósito de mantener los precios internos de los alimentos que produce la Argentina más baratos que los que rigen en el resto del mundo, y al mismo tiempo alentar el cultivo y las explotaciones agropecuarias que pueden generar más empleos por hectárea, como el trigo, la lechería e incluso la producción frutihortícola.
Las segundas, proteger a los pequeños productores que en general deben soportar mayores costos de producción y también de distribución de sus cosechas.