8 de Enero
Lunes 25 de Febrero de 2008
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El destino de los que molestan a los muertos
Los ladrones de tumbas se arriesgan sin conocer los peligros que pueden enfrentar. En Egipto, dan su vida por un tesoro faraónico o por el elixir de la vida eterna
Decenas de egipcios cegados por la codicia y la credulidad murieron en los últimos años sepultados en las oscuras excavaciones clandestinas que realizan con la esperanza de hallar un fabuloso tesoro faraónico.

Los hay que buscan joyas y oro que vender clandestinamente en el mercado de antigüedades, pero otros buscan el legendario "mercurio rojo", el elixir de la dicha, la riqueza y la salud eternas, un elemento químico que según la creencia popular se encuentra en cápsulas ocultas en las gargantas de la momias egipcias.

Los ladrones de tumbas nunca descansaron, pero desde enero pasado se desató una auténtica fiebre de búsqueda de riquezas faraónicas en la localidad rural de Nahia, en el oeste de El Cairo.


El engaño
Este frenesí quedó al descubierto cuando algunos lugareños de la zona denunciaron que sus viviendas afrontan el peligro de desplomarse por las fosas que muchas personas excavan con la ilusión de hallar antigüedades.

Una ilusión que el experto Alaa al Chahat, responsable de la zona arqueológica próxima a Nahia, descartó rotundamente.

"Envié a expertos a ese área para investigar, pero no encontraron ningún indicio de artefactos faraónicos. La presunta existencia de tesoros en Nahia no son más que rumores difundidos por charlatanes", dijo a Efe Chahat.

"Los timadores convencen a los ingenuos de que el subsuelo de sus viviendas oculta tesoros de incalculable valor, y que para extraerlos se requiere someter al duende que los custodia", explicó el responsable egipcio.

"Y, claro -agregó Chahat en tono burlesco-, los charlatanes cobran a sus clientes altas sumas de dinero para comprar los sahumerios y talismanes necesarios para que los duendes permitan a la gente extraer los supuestos tesoros".


Las cifras de la avaricia
Según la prensa local, esas seis personas -junto a otras tres, que fueron rescatadas milagrosamente con vida- llevaban 10 días excavando infructuosamente en la caverna.

La misma trágica suerte corrió a principios de 2006 el obrero Hosni Mutamed, de 48 años, que murió cubierto por la tierra en un pasadizo de unos 10 metros de largo que había excavado en una vivienda con el ambición de extraer un "valioso tesoro", en la provincia sureña de Sohag.

El suceso quedó al descubierto cuando un campesino, vecino de Mutamed, denunció ante la policía que el suelo de una habitación de su casa se hundió repentinamente, y que desde el subsuelo le llegaban los gritos sofocados de una persona.
Fuente: EFE
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