8 de Septiembre
Miercoles 20 de Febrero de 2008
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El tenis fue una fiesta y no entendió de colores
Por Pedro Fermanelli (Infobae.com)
En la segunda jornada del ATP porteño se jugaron partidos dignos de una instancia de semifinales. Y el público disfrutó del juego más allá de los favoritismos. Apenas hubo una excepción que no empañó la tarde
Una lástima que nadie haya instalado un aplausómetro en el Court Central del BALTC para ratificar que el tenis conserva aspectos difíciles de encontrar en otros deportes: uno de ellos es la posibilidad de disfrutar del espectáculo más allá de las camisetas, de las nacionalidades, al menos por excepción.

En la segunda jornada del ATP de Buenos Aires la mesa estuvo servida con dos platos-fuertes: José Acasuso vs Carlos Moyá y Agustín Calleri vs Juan Mónaco. Difícil fue encontrar al favorito del público en ambos partidos, gracias a que el aliento bajó para cada protagonista en porciones equidistantes y se premió con loas los momentos de buen juego, al margen de la conocida historia de ganadores y perdedores.

Ni Acasuso, con su condición de local, logró que la gente se inclinara decididamente a su favor. Claro, enfrente estaba Moyá (aunque español al fin). Visitante en cualquier otra circunstancia, local como de costumbre. Costumbre que acuñó desde hace más de una década y que lo obligó moralmente a venir a la Argentina año tras año. En 1995 ganó aquí su primer torneo; un amor nacía entonces. Ayer, una bandera con la inscripción "Vamos Charly" lo explicaba en dos palabras, en el más literal de los sentidos.

El resultado final no reflejó con la fidelidad esperada lo que sucedió dentro de la cancha, por más que el misionero ganó sin discusiones. El quiebre rápido, en el primer game del partido, por parte del argentino, nunca fue recuperado por su rival, que volvió a ceder su servicio en el séptimo juego. Fue 6-2 y la esperanza, en pos del espectáculo, de que Moyá respondiera.

La base del éxito de Acasuso estuvo en una soltura tal que le permitió convertir su brazo derecho en un verdadero cañón. Palo y palo, bien parado, trabajó con el drive y definió con el revés. El ex número uno del mundo le jugó, por lo general, bastante corto, lo cual le permitió a Chucho armar bien sus golpes. Cuando no, éste se retrasó unos metros y entonces consiguió el mismo efecto.

El público siguió llegando, ocupó las instalaciones del estadio en casi un 90 por ciento y no paró de gritar. A favor de uno u otro, no importaba. El sol empezó a caer y la lluvia prometida nunca apareció. Dentro del rectángulo de polvo se vio un segundo set con mucha más paridad.

El break apareció en el cuarto juego y fue para Moyá, pero lejos de resultar definitivo, se volvió intrascendente cuando el mallorquín entregó su saque al game siguiente. Así llegaron hasta el cuatro iguales, donde finalmente prevaleció la cabeza de Acasuso para dar un golpe oportuno. De inmediato sacó para partido y lo cerró sin sobresaltos (6-4). Tras una hora y veinte minutos, el campeón de 2003 y 2006 quedaba eliminado.

Y también el de 2007…
El choque programado para el último turno resultó un buen ejemplo de cómo un tenista puede sufrir a la hora de proteger una conquista. Mónaco defendía el título de 2007 y eso se tradujo en poner en juego, obligado, muchos puntos (175) del ranking. El azar del sorteo no quiso que tuviera un debut más livianito y por eso debió enfrentarse a Calleri.

Acá también hubo paridad en las hinchadas. El público se mantuvo en sus asientos, aplacado por una brisa que hizo más agradable la tarde-noche. Tres hinchas del tandilense, en fila y con la camiseta de Estudiantes, arengaban al canto de "Pico, Pico, Pico, Pico…" (con ritmo análogo al de "Foto, Foto, Foto, Foto…" de la pegadiza publicidad de una marca de telefonía celular). Calleri también tuvo sus fans. Uno de ellos le recomendó en varias oportunidades que fuera "paso a paso" y hasta gritó, con todo su vozarrón: "Trabajo de hormiga, Calleri".

Otra semejanza al partido anterior, aunque dentro de la cancha: la acción comenzó con un quiebre prematuro del ganador, que a su vez se mostró igual de confiado y agresivo. Mónaco recuperó ese break enseguida, pero luego perdió el saque otras dos veces y entregó el primer parcial por 6-4.

El campeón defensor salió a disputar el segundo set con cambio de indumentaria. Ya sin esa remera azul apretada al cuerpo, sino con una más suelta y predominantemente blanca. Con frecuencia da la sensación de que esos modelos adheridos a la piel asfixian a los tenistas…

Mónaco fue quien mejor aprovechó los quiebres, luego de sufrir uno en su contra en el inicio de la manga. Con cinco games consecutivos se lo llevó por 6-2. Estaba otra vez en partido. Instantes atrás, Guillermo Cañas entraba a la cancha y recibía la mayor ovación de la jornada.

Calleri recuperó la memoria y volvió a emplear la táctica de mover de lado a lado a su rival, con tiros profundos y pocos errores no forzados. Un tiro de esos fue lo que significó el principio del fin del tandilense: con el marcador 3-3 y ventaja para El Gordo, lanzó un drop que se quedó colgado en la red. De ahí en adelante, todo fue para Calleri, que cerró el tercero por 6-3.

Completa la primera ronda, curiosamente el segundo y el tercer preclasificado (Mónaco y Moyá, respectivamente) le dijeron adiós al torneo. Se espera que, de todos modos, el buen tenis no se ausente, así como también que el público tache nombres y aliente parejo, al menos con respeto. Ojalá eso fuera siempre el deporte.
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