Mientras el cereal alcanza un precio histórico de $1.000 la tonelada, la Argentina sufre el decrecimiento en la expansión de la superficie sembrada y los rindes del cultivo, además del avance de la sequía y baja resistencia a las plagas

El cultivo de soja en la Argentina enfrenta escenarios diferentes de desarrollo, incluso hasta el punto de marchite permanente, mientras que el área de cobertura y los rendimientos son inferiores a los proyectados, con una tonelada que ya se cotiza en 1.000 pesos. La disminución de los rindes podría alcanzar el 10 %, arriesgan los analistas consultados por la agencia Noticias Argentinas.
Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, "la expansión superficial tiende a disminuir" ya que se implantaron 16.64 millones de hectáreas de las 16.9 millones previstas. Hasta el momento, el cultivo no pudo ser sembrado en el Norte de Santa Fe y en el Noroeste argentino lo que ratifica la tendencia de "mayores pérdidas de hectáreas".
Las imágenes satelitales (del MODIS) que presentó el organismo de la Argentina comparada entre el 17 y 21 de enero de 2007 y el 2008, son contundentes: representan una disminución respecto del año pasado de las áreas con vegetación densa y vigorosa y un aumento de las zonas afectadas por la sequía.
Para Reinaldo Muñoz, responsable del Informe quincenal de mercados de granos que se elabora en la Estación Experimental Agropecuaria Pergamino, "toda la Provincia de Buenos Aires se encuentra en pobres condiciones de humedad edáfica y las zonas más críticas son el centro, sur y sudeste".
"Ahí estamos técnicamente en lo que puede denominarse sequía absoluta, en una situación que se presenta una vez cada 20 años", afirmó el especialista. Esas zonas con "limitación hídrica severa" son aquellas en las que los cultivos de soja pueden encontrarse en "punto de marchitez permanente", aseguran los técnicos de semilleros y organismos oficiales que recorren lotes en las zonas más afectadas.
Este año, muchos productores bonaerenses redujeron la distancia de 52 centímetros a 21 y 32 centímetros entre los surcos de las plantas de soja para proteger las plantas de la falta de lluvias que distingue al fenómeno climático La Niña. Sin embargo hay dificultades para cubrir esos centímetros de distancia por el escaso desarrollo de las hojas, situación que se refleja también en el desteñido color verde del mapa satelital.
La Bolsa de Cereales reconoció que por falta de cerrado del entresurco, se "intensifica la aplicación de insecticidas para controlar plagas relacionadas a la sequía como las arañuelas y también orugas y chinches. La soja "se caracteriza por una gran tolerancia a situaciones adversas, sin embargo a medida que avanza el ciclo declina su rusticidad y la posibilidad de compensar adversidades previas", sintetizó el informe semanal del último viernes.
Otros informes sostienen que las áreas donde la soja recibió fertilización foliar (en las hojas) desarrolló una gran capacidad de resistencia al estrés hídrico y las enfermedades de fin de ciclo. Los análisis reconocen que el rendimiento potencial en gran parte del área agrícola aún no está definido, y que si llueve, algunas variedades volverán a florecer.
La euforia de precios
En el escenario relacionado con los rendimientos económicos de la soja hay euforia porque atribuyen la firmeza de los precios de la soja a la existencia de demanda externa, a que el acopio de soja de la campaña anterior descendió esta semana por exportaciones y debido a la necesidad de materias primas que tienen las procesadoras de aceite.
En este contexto, el gobierno informó a través del Instituto Nacional de Estadísticas y Precios, INDEC, que las exportaciones del complejo oleaginoso (porotos, aceite, harina y pellets) del cual la soja participa en el 25 % facturó 13.522 millones de dólares. El año pasado, para esta fecha la soja se cotizaba a 600 pesos la tonelada mientras que en esta quincena el precio trepó hasta alcanzar los 1.000 pesos la tonelada.
Durante los últimos días, se escuchó la voz de productores consultados en distintas regiones productivas del país que sostuvieron la necesidad de que los valores de los insumos agroquímicos: fertilizantes, pesticidas y herbicidas no suban al ritmo del precio de la soja.
El herbicida glifosato, al que es resistente la mayoría de la soja transgénica implantada en el país, se incrementó desde el inicio de la campaña 2007-2008 un 80 %para los productores medianos. Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y Federación Agraria Argentina (FAA) reclamaron que se reduzcan los aranceles de importación en los fertilizantes, y el otorgamiento de créditos con tasa cero de interés y largo plazo para poder retomar la capacidad productiva.
Fuente: NA y Reuters