Una sobreviviente de Cromañón pudo rehacer su vida pero no borrar las marcas de la tragedia. Sólo una pequeña cicatriz la acompaña desde aquella noche pero no cesa los restos de la pesadilla en su mente

Sandra tenía 24 años cuando ocurrió la tragedia. A diferencia de lo que piensa gran parte de los que vivieron en la lejanía el desastre que acabó con 194 personas, esta joven es una profesional que trabaja en un importante organismo de gobierno y vive en el barrio de Nuñez.
En esos días de 2004, Sandra no tenía un trabajo de la envergadura que tiene hoy pero sí ocupaba sus días en un comercio. Su vida no transcurría detrás de las bandas de rock, y Callejeros era un grupo más de los que se escuchaba en la radio para pasar el tiempo.
Esa noche, la joven y su amigo no tenían más planes que pasar el tiempo y decidieron, gracias al regalo de un conocido, pasarlo en el lugar que se convertiría en un infierno y, también, el sitio donde se quedaría parte de su vida.
"Es muy fuerte ser sobreviviente de una tragedia, es algo que te deja marcado y lo llevás de por vida -afirmó Sandra- Hay gente que lo toma bien y otros mal, muchos nos subestiman. Es casi una agresión".
"Siento que me pisan la cabeza porque no me ven parte de un grupo de sobrevivientes, no se dan cuenta que todavía siguen muriendo chicos, que muchos no pueden conseguir trabajo. Si no hay violencia es porque tenemos a Dios en el corazón", agregó Sandra.
Pese al gran peso, la sobreviviente encontró la forma de tomar fuerza y seguir adelante sin dejar de lado lo que vivió. Junto a un grupo de jóvenes que vivieron la tragedia, todas las semanas comparte las vivencias de cada uno que van desde las pesadillas recurrentes hasta la vida diaria.
"Las reuniones con otros sobrevivientes me hicieron muy bien, me ayudaron a superar muchas cosas", afirmó Sandra.
"Los principales temas que se tratan en la reunión son las muertes, la justicia, más que nada por la liberación de Chabán. Especialmente la primera, que fue súper violenta. Nosotros tratamos de tranquilizarlos", agregó.
Sandra se lleva en el cuerpo sólo una marca de la tragedia: una pequeña cicatriz que "casi no se ve" de una quemadura de aquella noche. Pero los gritos y el olor a muerte siempre estarán en su mente.