En las calles del barrio Las Mayas, sobre un cerro de Caracas, los grupos consumen y venden cocaína. Están armados, hay enfrentamientos entre rivales y utilizan tácticas de guerrilla

Cada pandilla domina se sector que puede llegar a ser una zona de seis cuadras a la redonda donde ellos hacen su negocio durante el día. Venden cocaína cristalizada y pequeñas bolsas con esa droga que ellos mismos partes en envuelven en pedazos de plástico.
Ellos también consumen. Todo el día están armados y no realizan ninguna otra actividad, sólo se dedican a cuidar su zona que si es necesario la defienden de sus rivales a los tiros, no quieren perder ningún cliente que acceda al barrio en busca de cocaína u otras drogas.
En el barrio habitan miles de caraqueños pobres. La zona está en medio del cerro y las casas están separadas por senderos que se llenan de gente de todas las edades todo el día, que suben y bajan las laderas hasta sus humildes hogares.
Los pandilleros caminan por la zona con pistolas y escopetas recortadas en la mano. Van en busca de traficantes de drogas para conseguir la mercancía que ellos a su vez venderán a sus vecinos.
Estas excursiones a veces los llevan a los límites de sus dominios, por lo que pueden morir en manos de bandas rivales, y por eso realizan tácticas de guerrilla y cuidan de no disparar contra los niños y otras personas que llenan los estrechos pasadizos. Las muestras de ello han quedado grabadas en las paredes que están llenas de perforaciones.
Así subsistimos, vendiendo, susurra uno de los jóvenes pandilleros, mientras separa una a una las pequeñas dosis de crack sobre la cama, que venden a unos 75 centavos de dólar (5,000 bolívares), mientras que por algo más de dos gramos de cocaína piden un poco más de $1,50 (10,000 bolívares), según publica hoy El Nuevo Herald.
Estando así trabajamos, y el barrio nos ayuda. Aquí no molestamos a nadie, cuenta otro de ellos, al explicar el sistema que han implantado en su zona, una especie de trueque por el cual ellos venden su droga y se disparan con sus rivales, y a cambio ayudan en la construcción de casas, arreglos eléctricos, e incluso sirven como cuerpo de seguridad de los vecinos debido a que la policía real no ingresa a la zona a menos de que haya un muerto.